Con una constancia que atraviesa generaciones, la procesión por el Día de San José volvió a dibujar este jueves una escena reconocible en el centro de Posadas: gente caminando a un mismo ritmo, detrás de la imagen del Patrono de la ciudad Capital.
Puntualmente a las 19, desde la esquina de avenidas Corrientes y Roque Pérez, la columna de fieles comenzó a moverse al son de conocidas canciones católicas. No hubo apuro en llegar a la Catedral, donde otra buena cantidad de devostos los estaba esperando para celebrar al santo.
Familias enteras, adultos mayores solos, grupos parroquiales y curiosos se fueron sumando a medida que avanzaba el recorrido previsto. Tampoco faltaron los automovilistas nerviosos, que a bocinazos intentaban avanzar por las calles colmadas de peregrinos. Con paciencia y fe, además del apoyo de la Policia de Tránsito, la procesión tomó la avenida Corrientes casi Alem, giró por San Martín y siguió hasta Colón. En ese trayecto habitualmente dominado por el tránsito y la rutina se instaló otro pulso: más lento, más atento.

Algunos rezaban, otros conversaban en voz baja, muchos simplemente caminaban.No se trató de una escena de devoción homogénea. Hubo quienes participaron desde una fe profunda y quienes lo hicieron por tradición o pertenencia. Esa mezcla, lejos de diluir el sentido, le dio espesor: la procesión volvió a funcionar como un punto de encuentro donde conviven lo religioso, lo cultural y lo cotidiano.
Una fiesta de Posadas
La llegada a la Catedral San José -el principal templo de la ciudad-marcó el cierre del recorrido y el inicio de la misa central. Allí, la multitud volvió a compactarse, como si el trayecto por las calles hubiera sido también una forma de preparación.
“Vinimos a escuchar la misa, pero también a agradecer por los milagros de nustros Patrono”, dijo Zulma Rivas una abuela emocionada quien compartía la caminata con su nuera y su nieta.

“Estamos viviendo con alegría la fiesta de todos los Posadeños”, dijo.
La figura de José, esposo de María fue nuevamente exaltada por los cientos de fieles, quienes ven en él una figura paternal, comprometida con Dios y con la vida cristiana, además de ser el protector de Jesús, conocido como el hijo el hijo del carpintero y salvador del mundo.
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