Aunque los casos de dengue muestran un descenso en comparación con temporadas anteriores, la preocupación sanitaria en la región no desaparece. Por el contrario, un nuevo factor de riesgo comienza a instalarse: el avance del virus chikungunya en países vecinos y su incipiente presencia en el norte argentino. En este contexto, desde la Municipalidad de Posadas insisten en no bajar la guardia y reforzar las medidas preventivas, especialmente ante la proximidad de Semana Santa y el aumento de la circulación de personas.
En diálogo con el programa “El Aire de las Misiones” que se emite por FM 89.3,el director de Vigilancia y Control de Vectores, Fabricio Tejerina, trazó un panorama claro sobre la situación actual: “Con respecto al dengue, hoy hay poca circulación. Si uno analiza los boletines epidemiológicos tanto de Argentina como de la región, los casos son bajos”, explicó.
Sin embargo, lejos de llevar tranquilidad absoluta, el funcionario advirtió que el foco ahora está puesto en otro virus transmitido por el mismo mosquito: “Lo que sí está preocupando en este momento es el chikungunya. Tenemos una gran epidemia en Bolivia y, desde hace dos o tres semanas, se vienen reportando casos en provincias como Jujuy, Salta, Tucumán, Formosa y Chaco, aunque en menor medida”.
En Misiones, hasta el momento, no se confirmaron contagios, pero el escenario epidemiológico obliga a estar en alerta. “Todavía no tenemos casos registrados ni denunciados en la provincia, pero estamos en una época en la que las condiciones climáticas favorecen tanto al mosquito como a la transmisión de estos virus. Por eso es clave estar preparados”, subrayó.
Clima, mosquito y circulación viral: una combinación de riesgo
El clima subtropical, con lluvias intermitentes y altas temperaturas, genera el ambiente ideal para la reproducción del mosquito Aedes aegypti, vector tanto del dengue como del chikungunya y el zika. En ese sentido, Tejerina explicó que el riesgo no depende únicamente de la presencia del insecto, sino también del movimiento del virus.
“Los mosquitos ya están instalados prácticamente en todo el país, incluso en zonas del sur de la provincia de Buenos Aires. Lo que se mueve es el virus, y eso ocurre a través de las personas”, indicó.
Esta dinámica se vuelve especialmente relevante en fechas de alta movilidad, como Semana Santa. “Cuando una persona viaja, puede trasladar el virus. Si en ese lugar la pica un mosquito, se inicia una cadena de transmisión que puede derivar en un brote”, advirtió.
Un cambio de escenario: menos dengue, más susceptibilidad a nuevos virus
Según explicó el especialista, la baja circulación de dengue también tiene una contracara: una parte importante de la población ya desarrolló inmunidad frente a algunos serotipos del virus.
“El dengue tiene cuatro variantes, y muchas personas probablemente ya son inmunes a una, dos o incluso tres. Eso hace que hoy haya menos circulación”, detalló.
Pero esa misma lógica no aplica para el chikungunya: “Nunca tuvimos un brote importante en Argentina, por lo cual hay una gran cantidad de personas susceptibles de enfermarse. Cuando aparece un virus que no circuló previamente, el impacto suele ser mayor”, sostuvo.
Síntomas más severos y posibles secuelas
Una de las principales diferencias entre ambos virus radica en sus efectos sobre la salud. “El chikungunya se caracteriza por generar dolores articulares mucho más intensos que el dengue”, explicó Tejerina.
Incluso, las consecuencias pueden extenderse en el tiempo: “Entre un 15 y un 20% de los pacientes pueden quedar con secuelas como artritis o artrosis. En algunos casos duran meses, en otros años y, en algunos, pueden ser de por vida”, advirtió.
En cuanto a la mortalidad, históricamente fue menor que la del dengue, pero recientes brotes generaron preocupación. “El año pasado en Paraguay la epidemia fue tan grande que alcanzó niveles de mortalidad similares al dengue, incluso con fallecimientos de niños. Eso demuestra que no es un virus menor”, remarcó.
Vacunación, ciencia y prevención: las herramientas clave
Frente a este escenario, la vacunación aparece como una herramienta fundamental, al menos en el caso del dengue. “Es muy importante que la población acceda a la vacuna. Es clave para reducir el impacto de posibles brotes”, afirmó.
Respecto al chikungunya, señaló que hay avances científicos en marcha: “Existen vacunas en desarrollo, algunas en etapas avanzadas de prueba, aunque todavía no están disponibles de manera masiva”.
En paralelo, destacó el rol de la ciencia: “Cuando se invierte en investigación, se logran respuestas. Es fundamental sostener el desarrollo científico para enfrentar este tipo de enfermedades”.
Prevención diaria: una responsabilidad compartida
Más allá de las herramientas médicas, Tejerina insistió en que la prevención cotidiana sigue siendo la estrategia más efectiva. “Hay dos niveles de cuidado: el comunitario, que tiene que ver con eliminar los criaderos de mosquitos, y el individual, que implica evitar el contacto con el insecto”, explicó.
Entre las recomendaciones, mencionó el uso de repelente, mosquiteros, insecticidas y pastillas repelentes. Pero hizo hincapié en una idea clave: “Uno puede cuidarse en su casa, pero también circula por otros lugares donde puede haber mosquitos. Por eso las medidas tienen que ser integrales”.
Además, alertó sobre un error frecuente: “Muchas veces se cree que una casa limpia y ordenada está libre de riesgo, pero si hay recipientes donde se acumula agua, el mosquito se reproduce igual. No hay que confundir limpieza con prevención”.
Desde el municipio aseguran que las acciones de control y concientización se mantienen durante todo el año. “No es algo estacional. Es una política pública sostenida en el tiempo, basada en la educación y la participación de la comunidad”, concluyó.




