Entre pinceles, colores y una profunda sensibilidad, el joven artista Ariel Santi Neubauer encontró en la pintura una forma especial de expresar su mirada sobre el mundo.
Con apenas 17 años, el creador posadeño se abre paso en el universo artístico con una temática que atraviesa gran parte de su obra: los gatos.
Ese talento podrá apreciarse el próximo lunes 30 de marzo, a partir de las 19 horas, cuando presente su muestra “Amor y gatos” en el Multicultural de la Costanera. Allí, el público podrá recorrer una serie de trabajos en los que el artista combina creatividad, sensibilidad y un trabajo constante que inspira.
Más allá de la muestra, la iniciativa también propone visibilizar que muchos niños y jóvenes con Trastorno del Espectro Autista poseen talentos extraordinarios que se revelan cuando encuentran un espacio de expresión y el apoyo incondicional de sus familias.
“Me gustan mucho los gatos, me gusta pintarlos”, dijo Ariel Santi durante una charla con el diario PRIMERA EDICIÓN, mientras resolvía con notable destreza su cubo de Rubik. Santi comenzó a pintar en 2022 en el taller del artista misionero Ernesto Engel. Sus primeras obras fueron flores y un cubo de Rubik semiabstracto que, según recuerda, “no me gustó mucho. Después empecé con algo más cercano al expresionismo abstracto y ahí me llevé bastante bien”.
Con el tiempo, los gatos comenzaron a ocupar el centro de su producción artística, en especial sus mascotas. “La mayoría de las figuras de gatos las saqué de Pinterest, pero tengo varios que fueron modelos reales, mis gatos por ejemplo”, explica.
Sus obras están realizadas principalmente con óleo sobre lienzo, combinando pinceladas y espátula para lograr distintas texturas. Uno de los cuadros más significativos de su colección se titula “Amor”.
“Ese fue mi primer gato. De ahí salió toda la colección. Representa a mi gato, que ahora mismo no sé dónde está. Le saqué una foto de perfil y desde ahí hice el cuadro. Me llevó dos meses terminarlo”, relata.
Ariel también experimentó con otros temas, como flores y paisajes, aunque admite que los retratos no son lo que más le atrae.
“Tengo cuadros de flores y paisajes. Retratos no me gusta mucho hacer. Podría intentar, pero no me llama tanto la atención”.
Parte de su trabajo ya fue presentado en una muestra colectiva junto a su maestro en el Museo Lucas Braulio Areco, una experiencia que le permitió mostrar por primera vez sus obras al público.
Al principio, sin embargo, la idea de exhibir sus pinturas le generaba cierta inseguridad.
“No me gustaba enseñar mis dibujos porque sentía que eran bastante malos. Hasta que mi mamá me dijo que me inscribiera en un taller de arte, y gracias a ella hoy tengo mi primera muestra”, confió.
De cara al futuro, Ariel sueña con seguir vinculado al arte. Entre sus planes está estudiar un profesorado en artes plásticas, aunque también consideró la posibilidad de dedicarse a la gastronomía.
“Me gustaría demasiado seguir en lo que es el arte. Estaba pensando en hacer un profesorado de artes plásticas, o en última instancia estudiar para chef, pero prefiero más el arte”.
El acompañamiento de una madre
Detrás de cada obra también hay una historia de acompañamiento familiar. Mientras Ariel se levantaba de la entrevista para preparar un café filtrado de manera artesanal, su madre comenzó a recordar el camino recorrido junto a su hijo y cómo nació su pasión por el arte.
Su madre, Laura Neubauer, recordó que Ariel comenzó a dibujar desde muy pequeño. “Desde chico dibujaba todo a mano y en blanco y negro. Usaba birome y hacía todo en escalas de grises. Siempre me decía: ‘Mamá, quiero ser artista’”, cuenta.
En un principio, como muchos padres, pensó que lo mejor era que su hijo eligiera una carrera más segura. “Yo le decía que tenía que estudiar algo que le diera plata. Pero cuando descubrí de lo que era capaz, le pedí disculpas y ahora lo apoyo totalmente”, señaló.
Durante años lo acompañó con una rutina exigente para asistir al taller de pintura. “Nos levantábamos todos los martes a las 5.30 de la mañana. Él tenía su proceso para despertarse. Luego salía del taller al mediodía, venía a casa, picoteaba algo y se iba al colegio. Esos martes eran de terror”, recuerda entre risas.
Ariel comenzó a estudiar con Ernesto Engel hace cuatro años. El inicio no fue fácil: su primer cuadro tardó más de un año en completarlo. “El primer año fue complicado. Ese primer cuadro tardó más de un año y pensábamos que no iba a avanzar. Pero el segundo lo terminó en tres semanas”, señaló.
Arte con raíces familiares
El abuelo de Ariel pintaba y su madre también tuvo un vínculo con la pintura en su juventud.
“Él veía mis cuadros y me decía: ‘Mamá, algún día quiero pintar como vos’. Y hoy pinta mil veces mejor que yo”, aseguró.
Para Laura, la muestra también tiene un profundo significado personal. Ariel fue diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA), y su historia busca transmitir un mensaje de esperanza a otras familias. “Cuando a un hijo le diagnostican TEA, un padre se desmorona. Pero quiero decirles a los padres que es un diagnóstico nada más. Ellos tienen un potencial enorme, solo hay que encontrarles la veta”, afirma.
La madre destaca que el acompañamiento, el amor y la constancia son claves. “Son chicos muy estructurados, necesitan constancia. Yo lo voy a acompañar hasta que mis piernas me den”. A su vez, agregó que “detrás de cada cuadro de Ariel hay horas de sueño. No importa si el día anterior dormimos poco, si llueve o si se rompe la camioneta. Hay que encontrar la solución, porque él tiene que cumplir su objetivo”, indicó.





