Ingeniero de Capital Federal, hoy de 46 años, profesional en informática desplegado en la lucha contra los ciberdelitos y experto en la creación de sistemas digitales respectivos, se transformó en 2022 en la máxima autoridad de la Gran Logia Argentina Libres y Aceptados, el presidente más joven de organización centenaria en este país y milenaria en el planeta.
La presentación es para Pablo Lázaro, quien visitó Misiones este fin de semana para las asambleas y asunciones de nuevas autoridades de la región NEA de la masonería y para reiterar, de manera abierta y directa, que un “masón busca el acuerdo, no la antinomia y no vive en el misterio”, sino que declama sus valores casi tatuados para la humanidad: “Libertad, fraternidad e igualdad”.
Dialogó con PRIMERA EDICIÓN y rescató puntos básicos de la masonería en el país y un aspecto central frente a la crisis mundial, el de defender el espíritu del pensamiento libre y rescatar la educación como base estructural laica y gratuita.
“Efectivamente estamos acá para poner en funciones a las autoridades de la llamada Zona 5 que incluye a Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa. Con las nuevas autoridades comienza el año masónico para esas logias, se celebra el ciclo de democracia interna de cada una de las logias con la consideración del resto de los masones de la elección de cada uno para que comiencen a trabajar”.
“Nos interesa mucho la figura de José Roque Pérez, acá hay una avenida principal que lleva su nombre, fue el primer gran maestro de la masonería argentina. Entonces pedimos permiso también para construir algo en su honor, un museo masónico, por ejemplo (…) Trabajamos en varios frentes con la Municipalidad de Posadas y la Gobernación provincial.
Pero como la Gran Logia de la Argentina es la sexta zona de la Confederación Masónica Interamericana, de Sudamérica, intentamos dar una mano en articular la relación con Brasil y Paraguay, particularmente en temas de pasos fronterizos”.
¿En qué proyectos se involucra hoy la Gran Logia?
A nivel nacional trabajamos en salud con el proyecto de ley integral de ACV. En Argentina no existe un protocolo unificado de cómo dar tratamiento ante un accidente cerebrovascular, depende en qué provincia, depende en qué ciudad y hasta en qué hospital. El tratamiento es totalmente diferente en cada lugar del país. Estamos trabajando en un protocolo unificado para que en cualquier lugar se trate de la misma manera. Entonces, esto ya tiene más de 40 firmas (de diferentes sectores políticos y sociales) y vamos contando sobre este proyecto con nuestros médicos y demás profesionales.
En el corazón de la institución, la masonería trabaja en unir aquello que está disperso, en un momento donde las grietas afloran donde las antinomias son el común, la masonería propone unir lo que está disperso, buscar puntos de acuerdo que puede ser un proyecto de ley pero también la construcción de ciudadanía en general. Nos ponemos a disposición con técnicos en temas específicos, salud, temas ambientales particularmente, tecnología, damos cursos de capacitación en centros de formación profesional.
Desde la filantropía también sostenemos algunos lugares, pero estamos enfocados en solucionar problemas de fondo, no solo aplicar parches, sino trabajar en unir, que es creo que la gran asignatura pendiente que tiene toda la sociedad.
¿Avanza la integración de la mujer en la masonería?
En el mundo, la masonería tiene más de 300 años y cuando nace en la Edad Media era 100% masculina por la época, por la actividad, por muchísimas cosas. Particularmente, y hace más de 25 años, hay masonerías femeninas en Argentina.
Trabajamos en conjunto, avanzamos en una universidad juntos que en breve va a ser este autorizada, la Universidad Laica Argentina. Trabajamos mucho en obras filantrópicas, pero pertenecemos a confederaciones diferentes, porque si bien la masonería es la fraternidad más antigua y extendida mundialmente, hay algunos continentes enteros que son conservadores respecto de algunas temáticas. No es el caso de la región. Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay tienen maestría femenina hace ya mucho tiempo.
¿Cómo se financia?
Con la cuota de cada uno de los socios, desde el recién ingresado hasta el gran maestre. Todos pagamos una cuota a cápita mensual y eso estimo que es el 90 por ciento de la financiación, lo demás es merchandising, cosas que como toda institución tiene actividades extras que generan recursos.
¿Continúa la apertura?
En los últimos quince años hemos quintuplicado nuestra membresía. La gente no ingresa, ni se interesa por la masonería, pero porque no la conoce. Hoy generamos política de comunicación hablando de masonería en general. Qué hizo a lo largo de la historia, quiénes fueron masones, abrimos nuestras sedes en distintas ciudades, participamos de eventos como “la noche de museos”. Eso nos acercó un montón a la ciudadanía, pero particularmente trabajar en la universidad, con los docentes, con la juventud, nos acercó a muchísima más gente.
En 2008 había catorce provincias que no tenían más masonería en Argentina. Desde la década del ‘30 al 2008, la masonería perdió más de 400 propiedades, porque se sucedieron los golpes militares y se generó una corriente mucho más reaccionaria, en toda la región, pero en Argentina tuvo énfasis mucho más y el masón se retrotrajo. Hubo varios motivos más, por ejemplo, recibimos una enorme inmigración de republicanos españoles exiliados del franquismo a quienes Franco estrictamente les prohibió la masonería. Argentina se impregnó de la idea de “no digas que sos masón porque podés tener problemas”. Entonces, el masón no salía y no contaba qué es la masonería.
¿Qué posición adoptaron frente a esta ola de cuestionamiento al comunismo, socialismo…?
La masonería entiende que todas las aventuras del espíritu son bienvenidas siempre. Buscamos en un solo lugar tener en un punto de encuentro, con el peronista, el radical, el socialista, el apartidario. La única condición que pedimos es que esté dispuesto a escuchar al que piensa diferente. Y estamos en un momento en el que lo que aflora es la antinomia. La cuestión es hoy es un gran título: “El que piensa diferente es un enemigo”. Bueno, nosotros proponemos exactamente lo contrario.
Al país, la región, el mundo, lo vemos con mucha preocupación, obviamente un mundo en guerra, totalitarismos, terraplanismos, antivacunas. Parece que estás en el siglo XIX y ya estamos en siglo XXI repitiendo los mismos errores que nos llevaron a otras épocas de la historia muy oscuras. La única diferencia es que hoy todo esto pasa más rápido. Mientras almorzamos vemos en vivo un bombardeo y vamos perdiendo la sensibilidad.
Vemos con mucha preocupación esta deshumanización que hay respecto de mirar que están cayendo cohetes. El masón es un ciudadano, es una persona activa que se preocupa, que se pregunta el porqué estamos fomentando el trabajo primero de análisis de la situación, de buscar puntos de encuentro.
Hoy tenemos dirigentes jóvenes y personas de 80 y pico, 90 años, buscando puntos de encuentro. Es un ejercicio que vale la pena, pero nos nutrimos de la sociedad, la sociedad viene así. Entonces, es un ejercicio más complejo que en otra época.
La conducta en la masonería se regula con una comisión de disciplina, ética que tiene la misma jerarquía que el gran maestro, se lo nombra igual en la asamblea y tiene un código de procedimientos, un código jurídico masónico y además, por sobre todas las cosas, el masón jura respetar la ley de la nación en la que vive. Entonces, si la Justicia te sanciona, la comisión de disciplina primero te llama y te suspende. Cuando la Justicia resuelve seguís o no en la masonería.
La masonería siempre participó en temas clave como la educación…
Los masones y logias especialmente han trabajado en la formación de la ley 1.420, educación libre, laica y gratuita. Con la reforma del 18 se puede ver claramente la influencia masónica en trabajar por educación con cuestiones concretas como desde el estatuto presente a temas como que le decía recién. En la actualidad vemos con mucha preocupación la falta de interés respecto de la educación en general. Hablamos de varias generaciones que venimos reivindicando la esencia de la ley 1.420, hace mucho tiempo.
La ley que introdujo el pensamiento científico, que pasó toda la historia como una ley antirreligiosa y nada que ver, lo único que dice es enseñar religión, pero después de los horarios de clase. Al aparecer leyes, como fue en su momento la Ley Federal de Educación, que hoy tampoco es ministerio, pasó a ser prácticamente una cáscara vacía.
Delegó sin recursos a cada una de las provincias que generen su propio programa educativo y esto generó, nos guste o no, muchos países, pero no un país, no una nación, porque con un criterio para ser justo noble, que era que el chico que está en Tucumán entienda más de la problemática de, por ejemplo, el azúcar en Tucumán y el de Mar del Plata, entienda más del fenómeno de la pesca, que tenía una lógica.
La realidad es que se rompió todo en muchos esquemas. Lo que proponía la ley 1.420, la ley de guardapolvo, la ley donde el hijo del obrero y el hijo del presidente iban a ir a una escuela en una educación pública de calidad igual para todos. Genera la idea de Estado nación que unifica en todo el país.
En todos los niveles educativos hay una crisis muy fuerte, pero para ser justos no es solo de Argentina, los niveles de comprensión de texto en el mundo han decaído. Comprendemos cada vez menos.
Hace cuatro años pospandemia presentamos el proyecto de Ley de Educación Ambiental, uno de los cuatro que se presentó en el Congreso, nosotros fuimos por como iniciativa ciudadana a través del Senado y se aprobó por unanimidad el proyecto y nosotros lo mandamos con el aval de 20 concejos deliberantes, 25 universidades nacionales de colores absolutamente diferentes en términos políticos, pero buscamos llegar a acuerdo.
Es el método que te propone la masonería y creemos que falta eso. En lugar de apostar a las antinomias, nos proponemos como lugar neutral de debate.








