La historia de Tranquilina González, la tarefera asesinada el 9 de julio de 1924 y sepultada en el cementerio La Piedad de Eldorado, tiene sus vaivenes. Fue contada en muchas ocasiones -incluso es objeto de estudio- y vuelta a quedar en el olvido hasta que alguna persona se acerca al camposanto y, quizás por el hecho de observar tantas placas de agradecimiento, la saca por momento del anonimato, mas aún en este tiempo de redes sociales.
Lo cierto es que, a principios del siglo XX, vivía en la colonia Eldorado una tarefera conocida como la “Caá Potí”, a razón de su belleza, juventud y por ser trabajadora de la yerba mate. Una noche de invierno de 1924, en un baile que se desarrollaba en el actual kilómetro 5 (barrio Sauer), un tarefero, a sabiendas de su experticia en la cosecha, le ofreció que lo acompañara a trabajar a una colonia vecina.
Antes de aceptar, Tranquilina fue a consultar a su esposo, pero cuando éste escuchó la historia comenzó un altercado que terminó con la mujer agonizando a orillas del camino a causa de una puñalada. A partir de ese día, una serie de sucesos llevó a que pobladores que habitan algunos barrios de la localidad, reconocieran a esta mujer como santa popular capaz de otorgar “milagros”, tal como lo profesan los mensajes de agradecimiento colocados por sus seguidores en la ermita y capilla debajo de la que descansan sus restos, de acuerdo a lo mencionado por Bondar y Doretto, 2019: “Muerte trágica y santificación popular: Tranquilina González y La Pilarcita”.
Por estos días, la tumba de Tranquilina, en el cementerio La Piedad del kilómetro 3, es un lugar de peregrinación constante. Es un santuario tapizado de placas de bronce y mármol que dan testimonio de una “santa pagana” que intercede por los humildes. Lo que las crónicas de entonces llamaron un “suceso policial” y lo que pudo haber sido el primer femicidio registrado en el Alto Paraná, hoy es analizado por investigadores como el licenciado Matías Rojas y la historiadora Diana Haugg como una muestra brutal de las relaciones desiguales de poder en el ámbito rural yerbatero. Sin embargo, el sentimiento popular eleva a Tranquilina González a un lugar de poder espiritual.
Días atrás en el grupo “Eldorado en el Recuerdo” se disparó la pregunta: ¿Alguien sabe la historia de Tranquilina González? Y las respuestas no cesaron. Vanessa, desde Posadas, relató que “estuve en mi niñez muy enferma, mi mamá se encomendó a ella y pude volver a caminar… cuando ocurrió el milagro mi mamá le llevó una cinta”.
Carlos recordó con nostalgia: “Mamá nos llevaba cuando teníamos tos convulsa, al toque nos curaba”. Adrián destacó su ayuda en lo cotidiano: “Siempre le pedía con fe para no ponerme nervioso en los exámenes… siempre me dio una mano”. Y así como estos testimonios, otros tantos le dan las gracias y, otros tantos que los cuestionan. Un rescate histórico fue impulsado recientemente por el trabajo del Ballet Zambra.
Bajo la dirección de Leticia López y el profesor Matías Rojas, la pieza de danza estilizada “Tranquilina, 100 Años de Memoria y Devoción”, presentada en el Selectivo de Malambo Femenino de julio de 2025, devolvió al escenario la voz de aquellas mujeres invisibilizadas en los yerbales misioneros. La historia de Tranquilina González recuerda que, mientras la Justicia camina lento, la fe y la memoria colectiva del pueblo siempre encuentran la forma de mantener viva la verdad.






