Josefina creció en un taller donde el sonido de las herramientas marcó el pulso de cada jornada, la vocación no solo se aprende: se hereda.
En el marco del “Día del Mecánico”, Josefina Espíndola, misionera de 31 años, relató la pasión por la mecánica a la FM 89.3 Santa María de las Misiones, heredada de su padre José Ignacio (76 años), en un legado que va pasando de generación en generación.
Josefina y “Polaco”, comparten mucho más que un espacio de trabajo: comparten una pasión. Ella entre motores, llaves y el olor a aceite, observó y aprendió de la mano de su papá, un mecánico con más de 50 años de trayectoria, que supo transmitirle el oficio, los valores, la constancia y el amor por lo que se hace.

“Crecimos viéndolo trabajar a papá en el taller”
“La pasión por la mecánica estuvo desde muy pequeña en la familia. Somos 6 hermanos y crecimos viéndolo a mi papá trabajar en el taller. Uno va creciendo y al tener tanto contacto con los autos y encima los mismos amigos de mi papá tienen talleres, constantemente estábamos en contacto la parte mecánica y ahí surgió ese amor”, contó Josefina.
Recordó que “cuando estaba terminando la primaria le dije a mis padres que me quería inscribir en un colegio técnico. Mi hermana mayor ya estaba en la industrial, en mecánica, y ya veía lo que ella hacía, entonces quería hacer lo mismo. Mis padres, sin dudar, me dijeron, sí, no hay problema“.
Por aquella época en el colegio “teníamos media jornada y muy pocas horas en la escuela”. Agregó: “El tiempo que me sobraba me quedaba en el taller y veía como era todo. Una cosa era ver en el contexto familiar y otro en el plano escolar. La verdad que fue acertada mi decisión, porque me encanta la mecánica, lo que hacemos, el rubro, los compañeros, los colegas, todo“.

“Me especializo en inyección electrónica”
Josefina ya lleva 31 años en el rubro, que tiene muchas alternativas, pero ella decidió especializarse en inyección electrónica. “También hago mecánica en general. Si hay que sacar un motor lo saco, no tengo drama. Pero justo cuando ingresé al taller se implementó la inyección electrónica y mi papá no estaba muy familiarizado con la computadora, entonces dije, acá es la manera de ingresar y tener también mi lugar dentro del taller”.
La mecánica afirmó que “me pasó de los clientes que primero no querían o me decían voy a esperar al señor -por mi papá”. Sin embargo, Polaco siempre le dio el lugar que se merece y les decía a los clientes: “Ella te va a atender, siempre tuve ese aval o me consulta frente a los clientes, por ahí él sabe, pero me pregunta para ver tener opinión o escuchar, que eso también es bueno”, añadió.
Josefina cerró la entrevista bregando por más mujeres en los talleres, que se despojen de los tapujos y caminen un rubro tan apasionante como es el de la mecánica del automotor.



