Con los precios del pollo y la carne vacuna en constante aumento, cada vez más consumidores buscan opciones menos tradicionales. En Misiones, la carne de búfalo empieza a posicionarse como una alternativa más económica, saludable y de sabor muy similar al vacuno, aunque todavía enfrenta un desafío clave: ser reconocida como tal.
El presidente de la Asociación Civil Misionera de Bufaleros, Fernando Tejedor, explicó en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones que la actividad viene creciendo en la provincia y en la región, pero aún está en etapa de consolidación.
“El búfalo es una actividad bastante nueva en la provincia, entre comillas, pero con posibilidad de crecer mucho. Estamos trabajando para eso, pero todavía estamos en etapa de difusión, incluso a nivel país”.
Según detalló, provincias como Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa vienen creciendo fuerte, y ahora se suma el norte de Santa Fe. “A nivel nacional está creciendo mucho”, remarcó.
Sin embargo, reconoció que la demanda local todavía es limitada y que existe un problema clave: no siempre se comercializa como búfalo.
En ese sentido, señaló que gran parte de la carne de búfalo no se comercializa con esa identificación. En varias carnicerías se vende como “vaca gorda de primera calidad”, lo que genera que el consumidor la pruebe sin notar diferencias.
“Nosotros deseamos que nuestro búfalo se pueda vender a mejor precio, porque sabemos que es un producto de mucha calidad, pero a su vez desearíamos que se venda como búfalo. A veces sucede que sí, y a veces no”.
Según explicó Tejedor, en pruebas a ciegas realizadas el año pasado, la mayoría de las personas no pudo distinguir entre carne vacuna y carne de búfalo. “Son muy similares”, resumió.
El mito del sabor y el prejuicio
El titular de la Asociación Civil Misionera de Bufaleros contó que para derribar prejuicios, realizaron pruebas a ciegas con periodistas agropecuarios.
“Hicimos un asado de búfalo y uno de vacuno para ver si podían reconocer uno y otro. En general, no lo reconocieron”.
Para Tejedor, el rechazo inicial responde más a una cuestión cultural que real.
“Hay un problema gravísimo de imagen. La gente asocia el búfalo al africano que pelea con leones o al ‘Búfalo Bill’, que en realidad es un bisonte. Esa es la imagen que no queremos”.
También señaló que si alguna vez alguien probó carne de un animal viejo y le desagradó, puede haber condenado injustamente al producto.
“En el búfalo posiblemente alguna vez dieron animales grandes o viejos, y ya quedó condenado. Eso es lo que tenemos que modificar mostrando la calidad”.
Una carne más magra y con menos colesterol
Uno de los principales atributos del búfalo es su perfil nutricional. Se trata de una carne más magra, con menos grasa intramuscular y menor contenido de colesterol, lo que la convierte en una opción atractiva para quienes buscan una alimentación más saludable.
En cortes de olla o guisos, la diferencia es visible: menos grasa flotando y un sabor intenso. Sin embargo, al ser más magra, requiere una cocción adecuada para evitar que se reseque.

El problema no es la calidad, sino la cantidad
El gran desafío del sector no pasa por la aceptación del producto, sino por la escala productiva. Actualmente hay productores en la provincia, pero muchos trabajan con rodeos pequeños, lo que dificulta garantizar abastecimiento constante.
“Siempre en los negocios se habla de las tres C: cantidad, calidad y continuidad. A nosotros nos está faltando cantidad para tener continuidad”.
Explicó que para abastecer a una sola carnicería con dos animales por semana se necesitan más de 100 animales gordos por año, algo que hoy pocos productores pueden garantizar.
“Hay 100 productores, pero algunos tienen tres madres y un toro. Estamos procurando coordinarnos para poder vender sistemáticamente y no dejar sin producto a quien hizo la promoción”.
Para sostener la presencia en carnicerías y supermercados, el sector necesita aumentar el número de animales disponibles durante todo el año. Sin continuidad en la oferta, la promoción pierde fuerza y el consumidor no logra incorporar el producto como hábito.
Tejedor explicó al programa El Aire de las Misiones que cuando se vende identificada como búfalo, suele tener un precio ligeramente inferior al de la carne vacuna, lo que la vuelve aún más atractiva en un contexto de inflación en alimentos. No obstante, si se comercializa como carne bovina, el valor se equipara.
Cortes, hamburguesas y hasta salame
En cuanto a los cortes más buscados, reconoció que la costilla es la preferida por costumbre, aunque personalmente no es su favorita.
“Para mí el corte que menos me gusta es la costilla”, confesó entre risas, asegurando que prefiere “un vacío o milanesas. La milanesa de búfalo es una cosa muy rica”. Incluso se elaboran chorizos, salames y hamburguesas.
“Hay chorizo, hay salame, hay lo que ustedes quieran. Como cualquier alimento le encontramos la vuelta”, expresó.
El presidente de la Asociación Civil Misionera de Bufaleros insistió en que el búfalo es como una opción concreta para diversificar la mesa y cuidar el bolsillo, al tiempo que dejó claro que el desafío ahora es doble: aumentar la producción y lograr que la carne se venda con identidad propia porque, como reconocen desde el sector, es muy probable que más de un misionero ya haya disfrutado un asado de búfalo sin saberlo.



