Silvia Cidade
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Integración Escolar
Las vacaciones suelen asociarse al descanso y la flexibilización de rutinas, sin embargo, para niños, niñas y adolescentes con desafíos en el desarrollo, el receso terapéutico puede ser un período sensible si no se planifica adecuadamente.
La licenciada Miriam Behmetiuk advierte que la interrupción de las terapias puede generar, en algunos casos, desorganización emocional o retrocesos en habilidades cognitivas, sociales y de autonomía. No obstante, aclara que cada perfil es único y que la clave está en anticipar y acompañar el proceso.
Durante el receso, las familias cumplen un rol central en la observación cotidiana. Cambios bruscos de conducta, irritabilidad, retraimiento, alteraciones del sueño o dificultades para regular emociones pueden ser señales de alerta. También pueden aparecer regresiones en habilidades ya adquiridas, como menor comunicación verbal, menos interacción social o pérdida de autonomía en actividades diarias.
No existe un tiempo estándar para suspender las terapias: el receso suele durar entre cuatro y cinco semanas, pero debe ajustarse a cada caso. Más importante que la duración es la forma en que se sostiene ese período. Mantener rutinas estables de sueño, alimentación y actividades brinda seguridad. La anticipación visual mediante calendarios o pictogramas ayuda a reducir la ansiedad y aportar previsibilidad.
El juego es un recurso fundamental. Las actividades al aire libre favorecen la atención y la autorregulación; los juegos de mesa enseñan a respetar turnos y tolerar la frustración; y el juego simbólico fortalece el lenguaje y las habilidades sociales. Asimismo, las tareas cotidianas -cocinar, preparar una salida, elegir la ropa o colaborar con una mochila- promueven autonomía y confianza.
Behmetiuk destaca, la importancia de acompañar sin imponer, validar el descanso y ofrecer opciones en lugar de órdenes. Celebrar pequeños logros, sin comparaciones, fortalece la autoestima. Anticipar salidas y modelar conductas sociales básicas contribuye a sostener aprendizajes.
Permitir momentos de aburrimiento estimula la creatividad, pero una flexibilidad excesiva puede dificultar el regreso a las terapias. Con sensibilidad, presencia y organización, las vacaciones pueden transformarse en una oportunidad para fortalecer vínculos, habilidades y confianza.





