Luego de 13 días con cero lluvias y temperaturas extremas en Misiones, este fin de semana llegó el primer alivio tras la ola de calor que, según un informe del agrometeorólogo José Olinuck, rompió una marca histórica que llevaba 14 años invicta.
En febrero de 2014 la estación del INTA Cerro Azul registró 39º y había sido un verano bastante parecido a éste, sin lluvias y con registros inusualmente altos, al punto que la máxima señalada no se había vuelto a repetir… hasta este jueves, cuando el termómetro marcó los 40,8ºC.
Este contexto de clima extremo, según Olinuk “agrava las condiciones para el escenario agrícola que atraviesa un momento crítico con impacto directo en los arroyos y vertientes”, aseguró.
“Esta Niña que estamos transitando, pese a ser ‘débil’ está afectando la producción de distintas maneras: si hablamos de cultivos hortícolas, están muy mal. Si bien, el verano es una época de por sí muy difícil para mantener cultivos hortícolas a la intemperie por las altas temperaturas, la radiación solar tan intensa y la falta de lluvias, ahora ha empeorado”, aseguró en diálogo con PRIMERA EDICIÓN , tras ser consultado por los efectos de la sequía y las altas temperaturas.

De acuerdo a sus declaraciones, la situación meteorológica en la provincia dio giro dramático entre finales del año pasado y el comienzo de éste y mostró datos que confirman un escenario de emergencia.
“Las escasas precipitaciones fueron muy notables y a su vez, las lluvias ocurridas entre enero y febrero fueron muy variables, porque hubo agua en ciertos sectores mientras que en otros no cayó ni una gota. Si hablamos de las mediciones en nuestra estación de Cerro Azul, en enero llovió solamente 38,4 milímetros cuando el promedio para ese mes es de 176,6. Desde el vamos ya quedamos 138 milímetros por debajo de lo normal. En febrero sigue agravándose la falta de lluvia: el promedio normal para este mes es de 167 y acá en el INTA no ha llovido nada todavía, tenemos 0 milímetros registrados”, contó Olinuck y agregó que “la situación ya muestra fisuras visibles en los cultivos y en las reservas de agua naturales”.
Según el experto, “el déficit de precipitaciones no es solo una sensación térmica, sino una realidad estadística contundente”.
Para él, lo que hace más complejo el escenario para los productores es la velocidad con la que cambiaron las condiciones ambientales. Hasta diciembre, el tiempo se comportaba de manera normal y con excesos hídricos.
“Bruscamente cambió. Dejó de llover, las temperaturas fueron más elevadas y, en consecuencia, muchos cultivos lo están sintiendo en especial el maíz y la yerba”.

Alerta por la falta de lluvias: toda la producción del Alto Uruguay en jaque
El impacto de la sequía y el calor se siente con fuerza en la franja ribereña del río Uruguay.
“Localidades productivas clave como Santa Rita, Aurora, 25 de Mayo y Alicia están reportando un estrés severo en sus plantaciones. En esta región, característica por su diversificación, el cultivo de mamón es uno de los motores económicos y hoy se encuentra amenazado”, graficó el meteorólogo especializado en agro, José Olinuck. De acuerdo a su informe, la falta de precipitaciones en esta zona “compromete la calidad de los cultivos de frutas y el volumen de la cosecha”, aseguró.
“De todas formas, a diferencia de los cultivos anuales que pueden perderse totalmente, el daño en frutales y en las plantaciones de yerba mate de la zona puede tener efectos residuales que se extiendan a las próximas campañas. Lo que está pasando obligará a los productores a realizar podas de recuperación o replantes costosos en un contexto económico complejo”, analizó.
A pesar de que los pronósticos meteorológicos iniciales catalogaron al actual evento de La Niña como de baja intensidad, “la realidad en el agro muestra una severidad que contradice lo técnico, y está afectando tanto a la horticultura como a los cultivos extensivos y perennes”, prosiguió.
En un análisis reciente sobre la situación hídrica y productiva, el especialista advirtió que la persistencia de la falta de precipitaciones está generando un estrés acumulativo en los suelos.
“En cultivos anuales como el maíz, está sufriendo los efectos, todo aquel cultivo que no ha llegado a cumplir el ciclo, que está en floración o que está en llenado, está sufriendo los efectos”, señaló.




