El INDEC revelará hoy el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero y, tras el 2,8% de diciembre, el indicador se ubicaría en algún punto entre el 2,2% y el 2,6%, lo que el Gobierno “venderá como éxito”.
Sin embargo, este “respiro” llega en un contexto de marejada institucional, marcado por la salida de Marco Lavagna y la polémica postergación de la nueva metodología de medición.
Aunque la curva ascendente que comenzó en junio de 2025 parece haber encontrado un descanso, el dato no deja de ser inquietante: la inflación se niega a perforar el piso del 2% mensual, un 2% “mentiroso” a juzgar por la vetusta ponderación que se hace sobre la canasta de servicios y su incidencia en los ingresos familiares. La postergación del nuevo método, que habría impulsado la salida de Lavagna, obedece justamente a la necesidad del relato oficial de ponderar incorrectamente para que las tarifas no hagan “estallar” el IPC.
Más allá del número frío que arroje el INDEC este martes, el desafío vuelve a ser, como lo era antes, la credibilidad. La salida de la conducción del organismo y el retraso en la modernización del índice generan un ruido innecesario. Para que un plan de desinflación sea exitoso, la primera herramienta no es la tasa de interés ni el control de cambios, sino la confianza en la estadística.




