En los pasillos del Hospital SAMIC de Eldorado, Misiones, la rutina médica convive todos los días con una escena poco habitual: un trabajador de la salud que canta, baila y saluda uno por uno a los pacientes, buscando levantarles el ánimo en medio de la internación. Se trata de Gregorio Oscar Areco, auxiliar de enfermería con 32 años de servicio, quien dialogó con PRIMERA EDICIÓN y contó cómo convirtió su trabajo cotidiano en una verdadera misión de acompañamiento emocional.
“Tengo 56 años y me faltan unos nueve más para jubilarme. Trabajo en clínica médica, que es un servicio bastante complejo, con muchos pacientes internados. Pero además me tomo el tiempo de visitar sala por sala, enfermo por enfermo, y transmitirles alegría”, relató.
Cada jornada comienza igual: un saludo general, una sonrisa y palabras de aliento. “Buen día, ¿cómo están? Los ánimos bien arriba”, repite al ingresar. Desde ese primer contacto, intenta generar un clima distinto. Luego llegan las canciones, algún baile improvisado mientras controla la presión arterial o cambia un suero, y bromas que apelan a detalles personales de cada paciente.
“En diez minutos que vos te dedicás así a una persona, le das una gota de alegría impresionante. El estado de ánimo cambia, la actitud cambia. Y eso ayuda mucho a la recuperación”, aseguró.
Por otro lado, reflexionó respecto a su trabajo y al sector donde se desempeña, uno de los más sensibles: “Principalmente del sector donde yo trabajo es clínica médica, es un un sector de ida y vuelta, bombas constantes, muchos cardíacos, gente con cáncer y que diariamente estamos viviendo con ellos, conviviendo, charlando y hay mucha gente conocida que se nos va”, expresó.
Areco recordó que su vocación nació a comienzos de los años 90, cuando acompañaba a su madre durante una internación. Fueron las propias enfermeras quienes lo alentaron a estudiar. Desde entonces, se desempeña como auxiliar, sumando con el tiempo experiencia, sensibilidad y un estilo muy personal de atención.
Lo suyo, dice, es espontáneo. Además de trabajar en el hospital, fue locutor de radio, presentador de festivales, canta en familia, toca la guitarra y es instructor de boxeo. Esa mezcla de arte, deporte y contacto social atraviesa también su labor sanitaria. “Uno llega al trabajo y deja los problemas afuera. La gente espera tu sonrisa, un mimo, unas palabras”, explicó.
En una zona atravesada por la diversidad cultural y lingüística, Óscar también utiliza el guaraní para comunicarse con pacientes de comunidades originarias o de la frontera. “Cuando les hablás en su idioma o les cantás una polquita, enseguida sonríen. Eso genera confianza, y muchas veces así cuentan cosas que no dicen en una consulta formal”.
A lo largo de los años fue testigo de innumerables historias, algunas marcadas por la recuperación y otras por despedidas difíciles. “Nos encariñamos con los pacientes, muchos pasan meses internados. A veces se van y quedamos tristes, pero sabemos que tenemos que seguir llevando alegría a los que quedan”.
Oscar no solo se brinda para sus pacientes sino que también tiene otros pasatiempos y tareas: “Aparte hago muchas cosas, cantos, baile, presentaciones de festivales folclóricos, también tengo a cargo una escuelita de boxeo acá en en la ciudad, soy instructor de boxeo desde muchísimos años porque fui exboxeador y trato de inculcar a los jóvenes también que hoy en día el consumo problemático está a la orden del día”, expresó. En tiempos recientes, su forma de trabajar comenzó a viralizarse en redes sociales, lo que le valió incluso un reconocimiento del Concejo Deliberante de Eldorado como persona destacada.
Por último, se refirió a la situación de sus colegas y la salud en general, remarcando que se podrían mejorar reconocer aún más su tarea. Los días son largos, agotadores, sin embargo, al finalizarlos, el balance siempre es positivo: “Cuando venimos del hospital, creo que nunca nos sentimos cansados por las horas que hacemos, sino que nos sentimos contentos por las obras que estamos haciendo”, cerró.
En cada recorrida por las salas del Samic Eldorado, Óscar Areco confirma que, además de medicamentos y protocolos, la salud también se construye con gestos simples: una canción, una palabra y la convicción de que la alegría, aunque sea por unos minutos, también cura.










