Las panaderías atraviesan un escenario crítico en el inicio de este 2026. En la primera quincena de enero, las ventas cayeron alrededor de un 40% en comparación con el mismo período del año pasado, una situación que genera creciente preocupación en el sector y que podría derivar en más despidos durante febrero, según alertó Omar Acosta, presidente del Centro de Industriales Panaderos.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, Acosta explicó que el verano históricamente es una etapa compleja para la actividad, pero que este año la merma del consumo se profundizó. “Enero y febrero siempre fueron meses negativos para el comercio, no solo para el panadero. Hasta que no empiezan las clases, el movimiento es muy bajo”, señaló.
Según detalló, la baja actividad se percibe con claridad en la producción diaria. “Hoy tengo 20 personas de vacaciones y el negocio sigue funcionando. Eso te da la pauta de la poca venta y la poca producción que hay”, graficó. A esto se suma que la ciudad pierde movimiento durante el receso escolar, lo que impacta directamente en los comercios del centro.
“El consumo está muy tranquilo, con una baja muy grande, y estamos muy preocupados por lo que resta de enero y febrero”, remarcó Acosta, quien advirtió que el sector espera marzo como un punto de inflexión para comenzar a recuperar actividad.
Pese a la fuerte caída en las ventas, los costos continúan en aumento. Acosta explicó que, si bien las panaderías cuentan desde hace años el convenio con el Gobierno provincial que les otorga un beneficio en la tarifa eléctrica a quienes adhieran al Ahora Pan, el resto de los gastos sigue subiendo.
“Los insumos, los sueldos, las cargas sociales y los alquileres no bajan. Los agricultores ajustan precios cada tres meses, los salarios aumentan -como corresponde- y los impuestos no dan tregua”, detalló. Incluso, explicó que en verano el consumo eléctrico es mayor, por el uso intensivo de cámaras, heladeras y aire acondicionado.
Uno de los puntos más sensibles del panorama es el laboral. Acosta confirmó que ya hubo despidos en el sector y advirtió que podrían profundizarse si la situación no mejora. “No se puede sostener la misma cantidad de empleados con un 40% menos de ventas”, afirmó.
Sin embargo, aclaró que despedir no es una decisión sencilla. “Cuesta formar un panadero, no hay gente capacitada disponible. Una chica de despacho también lleva tiempo y dinero hasta que se forma. En 37 años despedí solo dos personas, y no fue por cuestiones económicas”, subrayó.
A nivel provincial no existe aún un número preciso de despidos, aunque Acosta anticipó que febrero podría traer novedades. “Nadie anda diciendo ‘saqué diez personas’ o ‘saqué cinco’, porque no es lindo ni fácil”, sostuvo.
El titular del Centro de Panaderos indicó que la crisis no es exclusiva de Misiones. A través de su participación en la Federación Argentina de la Industria del Pan y Afines (FAIPA), entidad nacional que agrupa a panaderías de todo el país, mantiene contacto permanente con colegas de otras provincias. “Pasa lo mismo en todas las provincias. El verano siempre fue complicado, pero ahora la merma se acentuó”, explicó.
Acosta también marcó diferencias entre las panaderías del centro y las de los barrios. Mientras que en el microcentro la actividad cae los fines de semana y feriados, en los barrios sucede lo contrario. “El vecino se queda en su zona, no va al centro. Tengo colegas en las afueras que venden más los fines de semana”, señaló.
Otro problema persistente es la competencia de panaderías no habilitadas. “Eso pasó, pasa y va a pasar. Hay pequeños emprendedores que lo hacen para sobrevivir, desde sus casas”, reconoció. Sin embargo, advirtió que el mayor perjuicio se da cuando empresas o estructuras más grandes venden sin controles ni impuestos, ofreciendo precios más bajos.
“La diferencia es la salud. Una panadería habilitada está controlada, y eso el cliente muchas veces no lo ve”, remarcó.
Pese al complejo escenario, Acosta aseguró que la esperanza sigue puesta en la reactivación. “Estamos esperando marzo, cuando vuelven las clases y se reactiva el movimiento. Siempre hay esperanza de que esto cambie para mejor”, afirmó.
Mientras tanto, el sector intenta ingeniárselas para sostener la actividad, en un contexto donde el consumo cae, los costos aprietan y cada decisión implica un equilibrio delicado entre mantener el negocio y preservar el empleo.




