La actividad del ecoturismo transita de manera sostenida un período de crecimiento a nivel mundial, impulsado por una mayor conciencia ambiental que a la vez se refleja en una demanda de viajes sostenibles. Misiones se destaca por sus paisajes, naturaleza y biodiversidad pero sin embargo hay quienes “al ecoturismo lo consideran un problema para la conservación, cuando en realidad es parte esencial de la solución”, lo explicó Sergio Balatorre, prestador de turismo de naturaleza.
En entrevista con PRIMERA EDICIÓN, Balatorre señaló que “hay que entender que el ecoturismo y el turismo de naturaleza representan mucho más que una alternativa recreativa: son herramientas estratégicas para la conservación de la biodiversidad, especialmente en regiones de enorme valor ambiental como la provincia de Misiones”.
Apuntó que “el ecoturismo se caracteriza por ser una actividad no masiva y con visitantes que suelen contar con un mayor poder adquisitivo, lo que genera un triple impacto: económico, social y ambiental. Cuando se promueve que los ecoturistas recorran toda la provincia, no solo se distribuyen los beneficios en diferentes comunidades sino que además se fortalecen tareas claves para la protección del patrimonio natural”.
Pionero
Balatorre es uno de los pioneros de la actividad en la provincia y se distingue por haber tomado el rumbo de la capacitación a través de los distintos cursos de guía en senderismo, sierra, estepa y montañas de la Asociación Argentina de Ecoturismo y Turismo Aventura (AAETAV).
“La presencia de ecoturistas en territorios remotos, donde muchas veces la cobertura de fuerzas de seguridad o guardaparques es limitada, puede cumplir una función crucial. Los visitantes, al recorrer senderos y participar de excursiones, se convierten en observadores activos capaces de detectar, denunciar y monitorear actividades ilegales como la caza furtiva, el desmonte o el tráfico de especies”, indicó Balatorre.
En este sentido, dijo que “los ecoturistas se transforman en un recurso complementario para el monitoreo de la biodiversidad. Un ejemplo concreto es el del prestador de turismo de naturaleza Sergio Moya, quien durante sus excursiones ha registrado la presencia de especies de alto valor de conservación como el zorro pitoco, el águila harpía o el carayá rojo. Casos como este demuestran cómo la actividad turística responsable puede aportar información relevante para la ciencia y la gestión ambiental”.
Balatorre posee un permanente intercambio profesional con sus pares a nivel nacional y es por ello que tiene una visión concreta de qué sucede en las principales provincias en materia de ecoturismo. “Sin ir más lejos, en Corrientes, por ejemplo, se observa cómo instituciones públicas y privadas han comprendido este potencial y trabajan de manera conjunta para potenciar el ecoturismo como aliado de la conservación”, sostuvo.
Sin embargo, expuso que “tanto en Misiones como en Chaco la situación es más incipiente. Con frecuencia, algunas instituciones ven al turismo de naturaleza como un factor de riesgo para la seguridad en áreas protegidas, cuando en realidad ocurre lo contrario: los territorios vacíos son los que suelen ser ocupados por actividades ilegales”.

No restringir, sí integrar
En la misma línea remarcó Balatorre que “el desafío, no está en restringir el acceso a las áreas protegidas sino en regularlo y profesionalizarlo, integrando a los prestadores de ecoturismo en la estrategia de conservación. A menudo, quienes recorremos la provincia con actividades de ecoturismo nos encontramos con reservas sin presencia de personas responsables y con mucha actividad ilegal”.
Aseguró que “para que el ecoturismo cumpla efectivamente este rol, es indispensable contar con prestadores capacitados. No se trata solo de brindar experiencias de calidad al visitante, sino de garantizar condiciones de seguridad, una adecuada gestión de riesgos y la aplicación de primeros auxilios en entornos remotos, en caso de ser necesario. En distintas regiones del litoral argentino, ya se avanza en esta dirección”.
Contó Balatorre que “en Misiones, recientemente se realizó un curso de primeros auxilios en zonas agrestes que reunió a prestadores, guardaparques y biólogos. Esa experiencia evidenció el camino a seguir, que es lograr que todos los actores vinculados al territorio, prestadores, investigadores y fuerzas de control, tengan una formación común, hablen el mismo idioma y generen la sinergia necesaria para alcanzar una conservación más efectiva”.
Por último subrayó que “integrar al sector turístico en las estrategias de manejo de áreas naturales permite no solo diversificar la economía local, sino también sumar ojos y voces en el terreno, contribuyendo al monitoreo y protección de la biodiversidad”.





