No es que fundó un coro; es que inventó una forma de escucharnos. A dos años de aquel 13 de febrero de 2024, cuando la polifonía misionera perdió a su directora máxima a los 89 años, el vacío en el podio de la capilla Stella Maris sigue siendo ruidoso. Norma “Bebi” D’Indio no fue solo una profesora de piano; fue la arquitecta de una identidad sonora que unió a más de cinco mil gargantas a lo largo de seis décadas.
Al margen de los homenajes protocolares, la historia de la Bebi es la de una pionera tozuda. Cuando en los años 70 Posadas era un desierto de agrupaciones vocales, ella decidió que la música no se leía solo en el pentagrama, sino en la vibración colectiva. Formada en la exigencia técnica (teoría, solfeo y una armonía que no perdonaba un semitono fuera de lugar), trajo a la provincia una disciplina que transformó a aficionados en coreutas de exportación.
La Agrupación Coral Misiones no nació por generación espontánea. Surgió a fines de los 70 como un refugio cultural. Allí, la Bebi aplicó lo que siempre sostuvo: “Di el primer paso de polifonía cuando acá no existía nada”, le confesó a la prensa meses antes de partir. No exageraba. Por sus manos pasaron generaciones enteras; no es raro encontrar hoy familias donde el abuelo, el hijo y el nieto fueron “marcados” por la exigencia y el cariño de D’Indio.
Su última gran aparición, en noviembre de 2023, fue un testamento en vida. En la capilla Stella Maris, rodeada de sus dirigidos, celebró el Día de la Música con la fragilidad de sus años pero la firmeza intacta en el gesto. “Todo esto hace que me sienta llena de felicidad”, dijo esa tarde. Era la despedida de quien sabe que la obra está terminada.

Lo que la gestión cultural a veces olvida, y que Bebi recordaba en cada ensayo, es que el canto coral es un ejercicio de democracia: nadie suena más fuerte que el de al lado. Ella fue una defensora acérrima de lo nuestro, pero sin caer en el localismo barato; exigía calidad porque entendía que la cultura misionera no era “menor”, sino un diamante que había que pulir con técnica.
¿Qué nos queda hoy? A dos años de su partida, el desafío de la comunidad cultural de Misiones no es solo recordarla con una placa, sino sostener la estructura que ella levantó. Porque, más allá de las declaraciones de “interés provincial”, la realidad es que el legado de Bebi vive en la medida en que los coros sigan ensayando con la misma rigurosidad que ella imponía desde el piano.









