Bailarín
8 marzo, 2020
Julio Skulski viajó a Padua (Italia), hace quince años, por una beca de estudio. Como el resto del grupo que lo acompañó, debía regresar al país antes del año pero entre unos cuantos decidieron “perder los pasajes de vuelta” y emprender una nueva vida. Consiguió trabajo, conoció otros países y aprendió a bailar tango, materia pendiente desde la adolescencia. Cada vez que puede vuelve a Apóstoles porque “extrañar a la familia es algo que no se puede evitar”.