OBERÁ. Anestor Ferreira Canavarro y su hijo Airán fueron condenados a doce años de prisión por el crimen de su vecino Julio Gilmar Rodríguez Ferreyra, al que molieron a golpes hasta matarlo frente a su casa del paraje Picada Flor, en San Vicente.“Brasileños de mierda”, habría sido la frase que desató la furia de padre e hijo, quienes fueron hasta el domicilio de la víctima para darle una lección, pero se les fue la mano. Lo insólito de todo fue que se enteraron del insulto, que supuestamente Gilmar habría lanzado contra ellos, de boca de un tercero, un comedido que los llevó en su auto hasta Picada Flor y que encima no intervino en la pelea.Eso sí, habría arrojado combustible al fuego diciéndole a Anestor Ferreira Canavarro “o lo matás vos o lo hago yo, porque acá todos somos brasileños”. El hecho ocurrió el 1 de enero de 2010 en una calle vecinal del citado paraje, frente a la casa de Gilmar. Este, precisamente, se encontraba festejando la llegada del Año Nuevo junto a otras personas cuando llegaron los Ferreira Canavarro, quienes desde la calle reclamaron su presencia a viva voz.Cuando Gilmar caminaba hacia ellos, Airán, quien se trasladó en moto hasta el lugar, anticipó lo que sucedería con una frase que fue recordada durante el debate realizado en el Tribunal Penal 1 de Oberá.“A este no hay que darle conversa”, habría dicho. Por eso, ni bien se acercó, la víctima recibió tres planazos de machete de parte de Anestor, sin que mediaran amenazas ni advertencias.Gilmar, que al parecer había tomado unas cervezas, se precipitó al suelo y entonces, no tuvo posibilidad de ensayar ninguna reacción.Literalmente fue molido a golpes: los ecos de los puñetazos y patadas retumbaban en su humanidad sin que nadie hiciera nada por terminar con semejante acto de salvajismo. Llegó un momento en que los golpes parecían impactar contra una superficie vacía, sin alma ni vida.Recién allí los atacantes desistieron de su accionar. Aún así, no conformes con lo hecho, levantaron el cuerpo y lo arrojaron en una cuneta.Anestor y su hijo Airán subieron a la motocicleta y desaparecieron, al igual que el comedido que llevó al primero en su vehículo.Gilmar aún respiraba, aunque con dificultad. Las personas que estaban con él festejando el Año Nuevo lo llevaron hasta el hospital de San Vicente. Una hora después, aproximadamente, falleció.Tras la denuncia, la Policía inició la búsqueda de los autores que se entregaron al día siguiente por consejo del abogado al que fueron a consultar. “Entréguense porque el caso es gravísimo”, les habría dicho el letrado. Con posterioridad, ambos fueron procesados por el delito de “homicidio simple”.El jueves ambos se sentaron en el banquillo de los acusados del Tribunal Penal 1 de Oberá, conformado por Lilia Avendaño, en su calidad de presidente, Francisco Aguirre y José Pablo Rivero.Los jueces declararon a los acusados responsables del delito de “homicidio simple”, en calidad de coautores, y los sentenciaron a doce años de prisión. La fiscal, Estela Salguero de Alarcón, había solicitado una condena a quince años.Padre e hijo fueron defendidos por el abogado Hugo Zapana, quien pidió una condena por homicidio en legítima defensa o, subsidiariamente, homicidio preterintencional. Ninguna de las dos figuras fueron tenidas en cuenta por el Alto Cuerpo de Oberá.





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