POSADAS. El vecino vio las tres siluetas en la oscuridad. No pudo saber quiénes eran, pero se dio cuenta de que discutían. Escondido entre los ligustros, escuchó el grito agonizante de la víctima antes de morir. La noche se transformó en una pesadilla que no olvidaría jamás.“Pegó un grito, como si fuera un perro, y ahí terminó”, le dijo ayer Manuel Da Silva al Tribunal Penal 2, en la tercera jornada del debate oral y público que se le sigue a Ramón (49) y Aníbal Villalba (22), por el sangriento crimen de Gerardo Vergara (23).Fue el testimonio más importante de la audiencia de ayer, que conmovió a los presentes en la sala de calle San Martín al 1.400 de la capital provincial, como pudo atestiguar PRIMERA EDICIÓN.Da Silva aseguró que en ese momento no pudo reconocer a los protagonistas del pleito y que recién al otro día se enteró de que la víctima, ese hombre que agonizaba tras haber sido herido como un animal, era su propio vecino.El testigo señaló que aquel 23 de noviembre de 2012 miraba boxeo en la televisión, en su vivienda del barrio Pozo Público de Concepción de la Sierra, cuando advirtió que frente a su casa se había iniciado una feroz pelea.Da Silva se ocultó tras un ligustro y desde allí siguió lo que sucedía. “Soltá tu cuchillo”, escuchó enseguida. Luego, un zapateo entre las piedras. Después vio a un muchacho que corría y a dos hombres que lo seguían hasta la esquina de Matoso y Roque González de Santa Cruz.Fue ahí que escuchó ese alarido que aún le hiela la sangre. “Pegó un grito, como si fuera un perro o una oveja, y ahí terminó. Fue una cosa muy fea. Todo duró menos de diez minutos”, apuntó el testigo.Enseguida, Da Silva vio regresar a dos de esas personas. “Pensé que era la gurisada”, dijo. Aunque su mujer lo animó a que los alumbrara con la linterna, el vecino decidió no hacerlo para evitar problemas. Quizás por eso no pudo ver si estaban armados.Recién al otro día supo que la víctima era Vergara. “Lo conocía, era de tomar, pero respetuoso, muy trabajador, mantenía a su madre”, aseguró sobre el joven, tras lo cual agregó que no sabía de alguna relación entre él y la hija de Villalba, motivo por el que todo se inició.La ronda de testimonios continuó ayer con la oficial principal Elizabeth Ojeda, quien recibió el llamado de alerta desde el barrio Pozo Público. Contó que los policías se dirigieron al lugar en un auto y una moto particular, porque en ese momento la comisaría no contaba con móvil oficial. Al llegar, se encontraron con un cuerpo sin vida en el suelo: “A simple vista se veían los cortes”. Luego se realizaron las actuaciones de rigor y se solicitó la ayuda del Comando y la Brigada de Unidad Regional VII de Apóstoles.La búsqueda de los Villalba comenzó después de que un vecino aportara el dato de que los había visto corriendo, aseguró la principal. Así, se procedió a allanar la casa de los nombrados y se encontró un machete, un cuchillo y otros elementos de prueba.Esos dichos fueron ratificados por el detective Cristian Farinola, investigador de la UR-VII, encargado de la detención de los acusados. Cuando la Policía los interceptó, “intentaron correr”, pero no llegaron muy lejos y terminaron esposados.A los testimonios se sumó el de Eduardo Jara, amigo de la víctima, quien recordó a Vergara como una buena persona. “Sé que ayudaba a la madre de su hija, justamente la hija de Villalba. Él me había contado que le llevaba pañales, pero también que tenía problemas con el padre de su ex”, reveló. Ni Vergara ni su amigo imaginaban que aquel conflicto le costaría la vida. Se cierra la ronda de testigosTras los pedidos correspondientes, el abogado Leonardo Balanda Gómez desistió de los testimonios de dos testigos. Además otros dos deponientes -Anselmo Ferreyra y Eduardo Acosta- no fueron encontrados por la Policía luego de que la Justicia los obligara a comparecer.Así las cosas, probablemente hoy finalice la ronda de testimonios con la presentación de otros tres testigos. De no mediar inconvenientes, los alegatos y la sentencia de los magistrados Roque González, Marcelo Cardozo y Marcela Leiva podría conocerse mañana.El caso conmovió en su momento a Concepción de la Sierra, después de que Vergara fuera encontrado asesinado de quince puñaladas. Enseguida las sospechas recayeron sobre los Villalba. Al menos el padre mantenía con la víctima un enfrentamiento que había nacido tras la relación de su hija con el joven asesinado.





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