POSADAS. Una fotografía que circuló en las redes sociales fue el puntapié que dio inicio a la construcción de una escuela en la comunidad guaraní Iraka-Mirí, cercana a la ciudad misionera de Santa María. La iniciativa surgió de un grupo de jóvenes solidarios de distintas provincias argentinas, que luego de ver las fotos de las condiciones en que vivían los chicos de la comunidad, decidió que era hora de ayudarlos. “La idea es construir un aula pequeña, pero bien completa. Es para unos 25 chicos”, contó Natalia Gómez, una de las creadoras de esta iniciativa y que pertenece a la Asociación Civil Presentes, que junto con Casa Argentina de Houston y “Un ladrillo para mi escuela”, de Juan Carr, se están encargando de la obra. “Hace diez días que empezamos con la construcción, vimos las necesidades en las cuales están viviendo los chicos y decidimos colaborar de manera desinteresada. Es clara la necesidad y la falta de cosas en la comunidad”, dijo la mujer, quien comentó cómo llegó a la provincia y por qué decidió colaborar con los niños de las comunidades: “Mi relación con Misiones arrancó hace bastante, fui de viaje y me encontré con una situación muy distinta a la que conocía. Y puntualmente a las comunidades llegamos a través de una foto que comenzó a circular, nos contactamos con ellos y vimos sus necesidades”. “En estos momentos estamos trabajando, siempre de manera solidaria, con tres comunidades aborígenes. La primera vez que dialogamos con los jefes de las comunidades fue muy buena, no tuvimos ningún problema, y eso también se dio porque de entrada les dijimos qué íbamos a hacer y les dejamos en claro que eramos simples personas que queríamos ayudar en lo que podamos. Los escuchamos mucho, charlamos bastante, ya que la idea es crear un círculo de confianza y que ellos nos cuenten las grandes necesidades que tienen y que a veces en el resto del país no se conocen porque no son escuchados”, explicó la integrante de Presentes. “Necesitan ser escuchados”A veces, lo que las personas desean es ser escuchadas. Un amigo, un familiar e incluso un extraño necesita que alguien los oiga, algo tan simple como eso. Para Natalia, esta necesidad fue una sorpresa, pero comprendió que “los integrantes de las comunidades tienen en común la gran necesidad de hablar, de comunicarse, de contar las necesidades que están pasando. Quieren que les escuchen, que respeten su cultura, y eso les dejamos en claro: que nosotros no somos quiénes para juzgar, simplemente lo que yo les dije a los caciques cuando llegué es que no estábamos ahí para modificar algo, sino solamente para acompañarlos y darles una mano”. “La confianza en fundamental y a medida que nos vamos conociendo, vamos trabajando en conjunto”, aseguró. Con respecto a la Asociación Civil Presentes, contó que “hace tres años que se formó para extender la ayuda hacia otras partes de la República. Nuestro gran objetivo es evitar la deserción escolar y eso se puede hacer si los chicos tienen un calzado, las herramientas necesarias para estudiar y obviamente una escuela en dignas condiciones”.Y puntualizó su caso: “Hace doce años que trabajo ayudando a escuelas de distintas localidades del país desde Ensenada, y siempre en forma particular”.Desde el grupo que comenzó con la obra en la comunidad de Santa María indicaron que “ellos se merecen vivir dignamente, comer todos los días, dormir en una cama, tener una casa con cuatro paredes y un techo, agua potable para consumir y cosas que para todos nosotros son habituales, mientras que muchísimos argentinos padecen la falta de agua, la falta de comida y viven a la intemperie. Por eso trabajamos incansablemente para brindarles, por sobre todas las cosas, una niñez digna. Juntos lo lograremos”, finalizaron.





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