POSADAS. Inconsciente, con raspones en una pierna, en los brazos y en la cabeza. Y con la clavícula derecha fracturada. Así terminó la noche del jueves una estudiante universitaria que resultó víctima de un abuso en pleno centro de Posadas por parte de un sujeto que la alzó, la manoseó y luego la arrojó violentamente al suelo.Pudo ser mucho peor, pero para fortuna de la víctima, tres jóvenes que aguardaban el colectivo en una parada cercana salieron en su defensa y lograron poner en fuga al degenerado, que se alejó de la escena a la carrera. “Me venía siguiendo desde varias cuadras. Después de que me agarró, me tiró muy fuerte al piso. Yo me quedé desvanecida. Tengo mucho miedo. Es la primera vez que me pasa, nunca me imaginé algo así”, le dijo la víctima a PRIMERA EDICIÓN en diálogo telefónico, con la condición de mantener su identidad bajo reserva debido al shock en el que aún vive.La muchacha tiene veinte años y alrededor de las 23 del último jueves caminaba hacia la casa de una amiga por el centro de la capital provincial cuando descubrió que era seguida desde varias cuadras atrás por un hombre de camisa blanca, pantalón de vestir negro y “hombreras” con vivos dorados. Por eso, sospecha que era un guardia de seguridad privada.“Iba por Catamarca hacia Buenos Aires, escuchando música con mi celular, cuando noté que este hombre me seguía. Tenía unos 38 años, corte de cabello militar, con gel, tez blanca y cabellera oscura, de 1,80 metro de altura”, relató la estudiante universitaria.La joven cuenta que, al llegar a la esquina de dicha intersección, notó que el sujeto aceleró el paso y apagó el celular. En eso, tres muchachas que aguardaban el colectivo en el lugar le advirtieron a gritos sobre el degenerado, quien pese a las testigos y a la iluminación del lugar, se abalanzó sobre su víctima.“Cuando escuché que me gritaban miré para atrás y ahí él justo me agarró, me levantó toda la ropa y me manoseó”, narró. El depravado alzó a la estudiante, quizás con intenciones de llevarla hacia un sector más oscuro, pero enseguida debió abortar el plan, ya que las tres jóvenes de la parada y otras dos que vieron la escena desde el balcón de un edificio cercano corrieron en su auxilio.Ante esta situación, el hombre la arrojó con fuerza a la vereda. “Me dio vuelta y me tiró fuertemente al suelo, de costado. Me golpeé muy fuerte y no pude reaccionar. Fue todo muy rápido y me desvanecí varios segundos, porque me dolía demasiado la cabeza, el hombro, todo”, reveló la universitaria, quien enseguida fue auxiliada por las otras mujeres.Un sereno de la zona también fue testigo del hecho y con una motocicleta intentó perseguir al agresor, pero al parecer no tuvo éxito. Una de las testigos llamó entonces a la Policía. En uno de los móviles trasladaron a la estudiante hasta el hospital Madariaga, no sin antes recorrer por algunos minutos el centro en busca del depravado.“Aguanté el dolor y fuimos a buscar al hombre por el centro. Me mostraron a varios en la zona, pero no era ninguno”, sintetizó la víctima, quien sufrió otro shock a llegar al centro asistencial, donde descubrió con pánico que los empleados de seguridad del lugar estaban vestidos de manera similar a la del sospechoso que la atacó: “En el hospital estaban todos vestidos igual y a mí se me pasaba por la cabeza que podía ser cualquiera de ellos”.Tras una espera de casi cuatro horas -el traumatólogo la atendió recién a las 6 del viernes- los médicos confirmaron que, entre otras cosas, había sufrido fractura de clavícula derecha, una lesión grave que le demandará al menos un mes de curaciones. Sin embargo, el trauma de haber vivido tal situación tardará tiempo en borrarse.Cuando habló con este diario, varias horas después del hecho, la universitaria continuaba consternada. Es que en los próximos días viajará a Buenos Aires, donde continuará sus estudios. Justamente, donde casos como este lamentablemente son “moneda corriente”, aunque no exclusivos. Es que la inseguridad también golpea en Posadas cada vez con más fuerza. “Pensé que nunca me iba a pasar algo así”La estudiante universitaria le contó a este diario que constantemente recorre la zona en la que todo pasó, ya que en las inmediaciones vive una de sus amigas.Sin embargo, lo del último jueves fue una pesadilla que jamás imaginó vivir. “Pensé que nunca me iba a pasar algo así. Ando mucho por el centro y jamás esperaba que sucediera algo similar”, relató en diálogo telefónico con PRIMERA EDICIÓN la joven, quien explicó que tampoco imaginaba que el hombre, vestido de uniforme de trabajo, fuera capaz de tanto frente a testigos, en una zona bastante iluminada.Algo más tranquila y aún en recuperación tras la fractura de clavícula que sufrió, la muchacha alertó al resto de las mujeres que por una u otra cuestión deben moverse de noche por las calles posadeñas: “Recomiendo que tengan cuidado de cualquiera, no importa que tenga uniforme o que el aspecto no sea sospechoso”.Por último, luego de veinte años en Posadas, la joven opinó que la capital provincial cambió mucho y que “la inseguridad está en todas partes. Posadas es más insegura que antes y hay que tener mucho cuidado a la hora de salir”.El caso no fue difundido por las autoridades y se conoció gracias al testimonio de la víctima, que intenta alertar al resto de la población para que no vuelva a suceder.





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