Por: Manuel SoteloJefe de Redacción de PRIMERA EDICIÓN Siempre estuvo claro, pero ahora se lo exhibe de manera explícita, sin pudores ni vergüenza: a los funcionarios les importa más que al monopolio que maneja el transporte de pasajeros le cierre los números y les preste favores que la golpeada economía de los usuarios. En ningún momento, alguno de ellos dijo siquiera que se iba a replantear el boletazo para que cauce el menor daño posible. Nadie habló de patear el aumento hasta que se definan las paritarias de este año o de que el incremento sea menor. Nunca hubo intención de modificar el cuadro tarifario que el Grupo Z puso sobre la mesa para que los funcionarios estamparan la firma. Era sólo cuestión de tiempo, fue una larga agonía. Una novela de la que todos los capitalinos conocemos el final.A juzgar por la marcha de los últimos acontecimientos y de lo que se ha visto a lo largo de la historia reciente en materia de transporte, estamos en presencia de la época de mayor voracidad del monopolio. Es un animal cebado que siempre va por más. Lo lamentable es que los responsables de ponerle freno miran para otro lado o directamente actúan en complicidad. ¿Qué porcentaje de aumento pedirán a fin de año? ¿Seis, siete, ocho pesos? Se puede esperar cualquier cosa, ya que la lapicera gubernamental siempre estará lista para rubricar la angurria. Nadie tuvo en cuenta las manifestaciones pacíficas de los usuarios que protestaron contra el aumento que consideran un abuso. Parece una obviedad, pero nuestros gobernantes deberían recordar que tienen que defender los intereses del ciudadano. Estar del lado del más débil en una puja desigual.En los últimos días, al subsecretario de Transporte Hermes Almirón, siempre proclive a justificar los boletazos, se sumaron otras voces que le disputan el dudoso honor de “vocero virtual” del Grupo Z. En la lista, que es larga, sobresalen dos: un concejal otrora crítico del oficialismo (y tristemente célebre por sus escándalos) que sostuvo que no iba a sumarse al interbloque opositor que pedía una sesión extraordinaria para tratar el boletazo, porque consideraba que la iniciativa era poco más que un show mediático. ¿Para qué se le paga a este edil? Justamente para debatir sobre los problemas que preocupan a los posadeños. Se ve que para él que de un porrazo le apliquen un tarifazo a la gente no es importante.También está un encumbrado funcionario del Ejecutivo municipal, recientemente asumido, y que ayer durante toda la jornada se esmeró en justificar por qué la suba no había sido inmediata, cual portavoz del monopolio, en vez de explicarle a los capitalinos por qué firmaron el aumento sin miramientos, desechando el repudio de los vecinos y la advertencia de distintos sectores de lo devastador que resultará el incremento sobre todo para las familias de más bajos recursos.Para más datos, se trata del mismo funcionario que llama a la prensa a conferencias y evita a PRIMERA EDICIÓN, para no responder a preguntas incómodas relacionadas con el boletazo. Este diario ha destinado cientos de páginas a detallar el martirio de los usuarios que cada jornada deben subirse a un micro para ir a la escuela, al trabajo, al hospital o simplemente a pasear. Colectivos hacinados, frecuencias insuficientes e inversiones pobres son las principales falencias de un servicio que se vende como si fuera del primer mundo.Magdalena Solari, intendente interina de Posadas en estas horas, por licencia de Orlando Franco; y el alcalde de Garupá, Luis Ripoll, ni siquiera atinaron a una ronda de consultas. Pusieron la firma alineados a los deseos del monopolio.De la primera, fuentes del mismo oficialismo le aseguraron a este medio que ella poco más que corrió a reunirse con los generales del Grupo Z cuando Closs “cedió” a los municipios la decisión de decidir sobre el boletazo.Ripoll, en tanto, le dijo a este periodista el martes por la noche que iba a reunirse con los concejales para “analizar” el escenario. Horas después, cuando salió el Boletín Oficial del miércoles, se supo que en realidad ya había firmado el decreto para aplicar el aumento. ¿Qué pasó? Tuvo vergüenza de admitirlo. Está claro de qué lado están los funcionarios. Mientras ellos se transforman en los mejores defensores del monopolio, la gente sigue padeciendo. Entre el campus y la ex Garita de acceso a Posadas hay apenas dos refugios para pasajeros. Los usuarios que esperan el micro que nunca llega se calcinan al sol. ¿Alguien se acuerda de ellos en estos días de sensación térmica superior a los 40 grados?¿O alguien controla que la línea piloto que une Itaembé Miní con Garupá cumpla cabalmente con los horarios de trasbordos? Alcanza con consultar a los pasajeros que son abandonados a su suerte cerca de la Rotonda esperando la combinación que jamás se respeta.¿Alguien controla cuántas horas trabajan efectivamente los choferes y cuántos días de descanso efectivo tienen en el mes? Uno puede subirse a un micro a las 12 y luego encontrar al mismo conductor más de doce horas después. Y esto durante semanas.En el decreto firmado por Solari se le pide tímidamente a las prestatarias a que agilicen la construcción de la segunda estación de transferencia, que debía estar lista hace tiempo. También a que se implemente de manera total el SUBE misionero. Nada más: no se les reprocha el modo de trasladar a los usuarios, las largas de demoras entre micro y micro; ni la falta de paradas dignas.Gran favor harían a la sociedad los gobernantes si trabajan en serio y abren el juego. Si permiten que en el transporte público haya competencia, sin subsidios, todos en igualdad de condiciones. Mejoraría el servicio, sin dudas. Porque al monopolio no le interesa la eficiencia, si hoy por hoy tiene la vaca atada. ¿Se animarán alguna vez? Ojalá. De momento, siempre de espaldas a la gente, dejan al ciudadano cada vez más solo. Ya no ocultan su posición, la muestran sin vergüenza, no vaya a ser que desde el Grupo Z les llegue algún tirón de orejas.





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