POSADAS. La sustracción de un arsenal de FAL (fusiles automáticos livianos) del Instituto Superior de Formación Técnico Profesional de la Policía de Misiones pareció no pasar de un simple hurto para la Cámara de Apelaciones en lo Penal y Correccional de la provincia, que modificó la carátula original de la causa de robo agravado. La resolución fue de la Sala I del Alto Cuerpo, integrada por los camaristas Ricardo Venialgo y Marisa Dilaccio, quienes se inclinaron por la carátula de hurto agravado por la condición de policía de uno de los implicados en la maniobra.Se trata de un agente de Policía, oriundo de la localidad de Colonia Aurora, quien contó con la colaboración de un amigo, de oficio carpintero.Aquella madrugada del 25 de marzo, cuando el VW Gol que conducía el agente ingresó al predio del Instituto Superior de Formación Técnico Profesional (Isfotep), se comprobó el movimiento de otros vehículos, entre ellos una moto, sin embargo la investigación no avanzó en ese sentido, para determinar la identidad de más implicados.La pesquisa estuvo a cargo del por entonces juez de Instrucción 7 de Posadas, José Alberto López, actual integrante de la Sala II de la Cámara de Apelaciones. Por esta razón precisamente debió inhibirse de tratar la apelación de la defensa al auto de procesamiento dictado contra el policía y el cómplice.De alguna manera sorprendió la decisión del Tribunal de Alzada. Aquella madrugada se vivieron momentos de extrema tensión. La misma Policía informó que el agente que habría orquestado la maniobra delictiva quedó cara a cara con un efectivo del Grupo de Operaciones Especiales (GOE). Ambos listos para jalar el gatillo.ExtrañoLo curioso del caso es que el policía intentó corromper al camarada que solía hacer guardia nocturna en el Isfotep, para que pudieran sacar las armas sin problemas, pero no contó con que este informaría de sus planes al mismísimo subjefe policial, comisario general Omar Amarilla.A partir de ese momento, cuatro días antes de la madrugada pactada para concretar el ilícito, se orquestó el operativo para frustrarlo, en coordinación entre los uniformados y el juez López.Así, cuando el agente y su ayudante cargaron las armas en el vehículo, fueron rápidamente rodeados por el GOE y otros grupos de apoyo.La tensión fue tal, que los francotiradores agujerearon a balazos el coche, el motor y las ruedas. Entonces los ladrones no tuvieron alternativa más que entregarse.Con la recalificación de la causa, esta volvió al Juzgado de origen, ahora subrogado por el juez de Instrucción 1, Marcelo Cardozo, quien deberá continuar con las actuaciones y en un futuro cercano, elevarlas a la instancia de juicio oral y público.Nunca se pudo determinar cuál iba a ser el destino de las armas ni si había alguien más detrás de la arriesgada maniobra. Las versiones fueron varias, entre ellas que los FAL tenían por destino Brasil o Paraguay.La teoría no era descabellada. Los diez fusiles tenían, en aquel entonces, un costo de 60.000 dólares en el mercado negro de armas. Aquella noche, los investigadores encontraron, en el VW Gol del policía incriminado, dos mil dólares y 12 mil pesos en efectivo. Tampoco quedó claro de quién o para quién era ese dinero. Ambos detenidos se movilizaban con un Handy que captaba la frecuencia policial, pero de nada les sirvió porque el operativo pasaba por otro lado y había sido planificado cuatro días antes.




Discussion about this post