POSADAS (Por Gisela Fernández). Antes de la luz eléctrica, la llegada del anochecer marcaba el final de la jornada laboral y casi sin demora el inicio del descanso nocturno. El punto de partida de la actividad de las personas era al despuntar el alba. El descubrimiento de Thomas Edison revolucionó la sociedad y su desarrollo. Pero fueron las últimas décadas, con el avance de la televisión, internet, las redes sociales y un estilo de vida y alimentación más acelerados las que más han impactado en la vida de las personas. Y en sus ciclos de vigilia y descanso. La cuestión es si esta “evolución” de la sociedad es buena para sí misma. La respuesta a la que llegó un grupo de científicos argentinos es contundente: “No tenemos un diseño fisiológico apropiado para el mundo que hemos creado”. El sueño en un mundo iluminado El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad Católica Argentina (UCA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y presentado este mes ante el Vaticano (ver recuadro). Según esta investigación, es hora de volver a evaluar los principios garantizados por Thomas Edison sobre el uso de la luz eléctrica: “No es de ninguna manera perjudicial para la salud, ni afecta a la solidez de sueño”.Según advierten los científicos, la luz artificial que golpea la retina entre el anochecer y el amanecer inhibe la promoción de sueño, se activa la excitación neuronal promoviendo mecanismos que suprimen la liberación por la noche de la hormona melatonina que tienen un efecto soporífero. Y estos factores reducen la somnolencia y aumentan el estado de alerta, por lo que interfieren con el sueño.“En tiempo pre- Edison, el pico diario de la energía de vigilia, impulsada por el reloj maestro del cerebro (hipotálamo SCN), se producía cerca del final del día. Esto nos proporcionaba un `segundo aire´ que permitía mantener el estado de alerta el resto del día. Antes del uso de la luz eléctrica, la gente podía experimentar ese `segundo aire´ en la mitad de la tarde, y eso les permitía seguir adelante hasta caer la noche. En tiempos post- Edison, la exposición a la luz después de la puesta del sol dispara señales de día al hipotálamo por lo que el reloj del cerebro aplaza el ‘segundo aire’, retrasando la aparición de la secreción de melatonina. Como resultado, muchos de nosotros todavía tenemos energía para consultar el correo electrónico, hacer la tarea o ver la televisión a medianoche, con apenas un indicio de que se está en plena noche solar. Como consecuencia, dormimos aproximadamente 3 horas menos que las personas que precedieron a la invención de Edison”, indica el estudio. A qué hora se va a dormir la mayoría de los argentinos es bastante fácil de saber al evaluar el llamado “prime time” (horario central) de la televisión que, en nuestro país, comienza a las 21 (después de los noticieros) y culmina recién después de medianoche. Diseño fisiológico Las células ganglionares fotosensibles de la retina permiten la puesta a cero del reloj circadiano y otras respuestas visuales. Por ello, los investigadores revelan que la tecnología nos ha desvinculado de la luz natural del día y nuestro propio cuerpo nos impulsa a ir a la cama más tarde. “Esta es una verdadera mutación del medio ambiente y no tenemos el diseño fisiológico apropiado para hacer frente a ella”, advierten. Según el estudio, en todo el mundo, los niños de ahora están durmiendo cerca de 1,2 horas menos en las noches previas de escuela que hace un siglo. “Los niños se vuelven hiperactivos y esta es una consecuencia de no dormir lo suficiente. La carencia del sueño puede ser confundido con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Y el TDAH está en el 20% de los chicos de secundaria”, alertan.Alto impacto El sueño es no sólo una función cerebral, se trata de un estado fisiológico heterogéneo. La falta de sueño afecta la memoria de trabajo de corto plazo, pero también impacta en la memoria a largo plazo relacionada con el procedimiento (habilidades motoras), la memoria a largo plazo declarativa (representación de objetos y eventos; involucra a las asociaciones, por ejemplo, el nombre con la cara).Las respuestas cognitivas se pueden clasificar en tres áreas: atención, memoria y funciones ejecutivas. Y la falta de sueño afecta a las tres. En atención, se reduce la capacidad de concentración y de memoria; además se presentan dificultades para mantener la atención y estado de alerta. En cuanto a la memoria, disminuye la capacidad de memoria en el trabajo, para recordar hechos y recordar eventos o episodios. También impacta en las funciones ejecutivas (actividades) pues disminuye la capacidad para realizar varias tareas en forma simultánea y reduce la creatividad y la productividad. Secuelas emocionales y físicas Dormir menos de lo que necesita el organismo también produce secuelas en las emociones, más precisamente en los estados de ánimo (agotamiento, aumento de la irritabilidad, fluctuaciones en el estado de ánimo, depresión), stress (trastornos en el hipotálamo) y en la conducta manifiesta (frustración e ira, aumento de la impulsividad, se asumen mayores riesgos, disminución del rendimiento, aumento en el uso de drogas, sedantes y estimulantes). Las principales secuelas físicas son: cansancio, riesgo de diabetes II y III, reducción de la inmunidad a las enfermedades y a la infección viral, síndromes metabólicos, dolores corporales, enfermedad cardiovascular y riesgo de cáncer. Pobreza e inseguridadEl estudio se realizó en Argentina, Brasil y México. Utilizó una metodología de entrevistas en dos etapas: una primera fase en la que se entrevistó a 900 personas en cada país; y una etapa cuantitativa en las principales zonas urbanas de cada país en la que se entrevisto a 200 personas que sufren fatiga y 100 que no la sufren. De acuerdo a esta investigación, el 68% tiene dificultades para dormir y no hay diferencias significativas por sexo ni edad. “En promedio, los latinoamericanos sólo duermen 5,8 horas por noche. El 14,8% duerme menos de 6 horas por día, el 14,2 duerme más de 6 horas pero menos de lo necesario y el 22% siente somnolencia diurna”, precisan. La situación socioeconómica incide sobre el sueño. Las personas con más bajos ingresos entrevistadas duermen mucho menos que aquellas de
mediados y altos ingresos. Entre los que duermen de menos, el 17,6% es de muy bajos ingresos y el 13% de medios y altos ingresos. Entre los que sufren de somnolencia durante el día, el 24,9% son de bajos ingresos y el 21% de medianos y altos ingresos. La UCA cruzó también la variable nivel educativo alcanzado y sueño: entre los que duermen menos de 6 horas, el 16% no completó en secundario y el 12,6 lo completó; entre los que duermen más de 6 horas pero menos de lo recomendado, el 24,2 tiene secundaria incompleta y el 19,9 completa. Al indagar cuáles son los principales problemas en la casa relacionados con las condiciones para dormir, el estudio reveló que el 73,3% sufre problemas de humedad, el 70% de filtraciones de agua de lluvia y el 57,3 de ingreso del viento frío en invierno. Pero la falta de seguridad, el temor a que un ladrón entre a tu casa o alguien lastime a tu familia, atenta también contra el buen dormir. Combo explosivo Según advierten los investigadores, la interrupción del ciclo del sueño (vigilia), acompañada por el estilo de alimentación rápida y el ritmo metabólico puede generar una importante disfunción metabólica: la obesidad. Y de la mano de la obesidad va la diabetes. El estudio fue presentado al Papa La Universidad Católica Argentina (UCA) presentó ante el Papa Francisco un estudio sobre la falta de horas de dueño, el contexto socio educativo y su impacto en la salud de las personas. El director de Docencia e Investigación de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA, el doctor Daniel Cardinali presentó del 4 al 6 de noviembre pasado en Ciudad del Vaticano el trabajo “Sleep, Slums and Shelter: Impact of a Slum-housing Upgrading Program. El estudio, que fue expuesto ante la Pontificia Academia de Ciencias, tiene como propósito la identificación, seguimiento y evaluación del impacto de la privación de sueño en la deuda social entendida como déficit en el desarrollo humano. El análisis de la distribución de los trastornos de sueño en función de la situación socioeconómica, indica que en poblaciones de muy bajo estrato socioeconómico hay un mayor porcentaje de personas con mala calidad de sueño y somnolencia diurna. Una mínima mejoría de las condiciones de vivencia resulta una significativa mejoría de las condiciones de sueño y de la calidad de vida de poblaciones carenciadas.Equipo La investigación estuvo a cargo Daniel Cardinali (Departamento de Docencia e Investigación de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA y Conicet); Guido Simonelli, (Departamento de Docencia e Investigación de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA); Solange Rodríguez Espínola (Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA; Agustín Salvia (Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA y Conicet); Daniel Pérez-Chada (Departamento de Medicina, Servicio de Neumonología, Hospital Universitario Austral) y Daniel Vigo, (Departamento de Docencia e Investigación de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA y Conicet). Rendimiento escolarLos trastornos respiratorios del sueño y la somnolencia diurna se asocian con bajo rendimiento académico en adolescentes. De acuerdo a un estudio exploratorio con estudiantes de escuelas en cuatro ciudades de Argentina donde se entrevistó a sus padres o tutores (testigos) sobre la presencia de ronquidos y apneas en los chicos y se cruzó esa información con las calificación obtenidas por ellos en matemáticas y lengua como indicador de rendimiento académico.La muestra incluyó a 2.884 estudiantes (50% varones). Entre los datos obtenidos se destacan que la mitad de los estudiantes dormían 9 horas por noche durante la semana. En cuanto a la información obtenida de los padres, el 14% de los adolescentes ronca en forma ocasional y el 9% frecuentemente. Apneas fueron presenciadas en 237 casos (11%), siendo frecuente en el 4%, y de vez en cuando en el 7%. Los ronquidos o apneas fueron predictores significativos de fracaso escolar. Según remarcaron los investigadores, las insuficientes horas de sueño fueron frecuentes en esta población. Este estudio fue realizado por Santiago Pérez-Lloret , Alejandro Videla, Alba Richaudeau, Daniel Vigo, Malco Rossi, Daniel P Cardinali, Daniel Pérez-Chada y publicado este año por la Academia Americana de Medicina del Sueño.




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