POSADAS. Vanesa Analía Gómez tenía audiencia el miércoles pasado en el Juzgado de Familia Nº 2 de esta ciudad, para ratificar los términos de su denuncia por violencia familar contra su concubino, pero no concurrió a estrados. Según la autopsia, la mataron al día siguiente, en el interior de la casa que habitaba junto a su hija de diez años, en la intersección de la avenida Roth y calle Mburucuyá, jurisdicción del barrio Ñu Porá.La Justicia sindicó a Miguel Ramírez, de 37 años, padre de la niña, quien intentaba recomponer su relación con la víctima, como presunto responsable del femicidio.Trascendió que el hombre, quien trabajaba como albañil para una contratista, habría atravesado la frontera a Paraguay. Ayer los investigadores habrían mantenido contactos con la Policía Nacional del vecino país, a fin de verificar esa información.En el terreno de la investigación, se supo que Ramírez planificó hasta el más mínimo detalle del homicidio de la madre de su hija, una pequeña de diez años.Al parecer, Ramírez y Gómez habrían acordado recomponer la relación. Ella le habría confesado que, durante el lapso en que estuvieron alejados, conoció a un hombre pero que, en realidad, no había sucedido nada entre ellos.Pero el miércoles, él la habría seguido en forma encubierta. Al parecer, la vio subir a una camioneta color blanca, en cuyo volante había un hombre.Los detectives sostienen que allí habría decidido matarla porque, esa misma jornada, fue hasta la contratista en la que trabajaba como albañil y pidió un adelanto en efectivo.Ese dinero utilizó, precisamente, para escapar con rumbo desconocido. Pero cometió un error. Envió un mensaje de texto a su madre, cuyo celular fue incautado por la Justicia, en el que literalmente reconoce su participación material en el lamentable episodio.Al día siguiente, es decir el jueves, ya con aquel dinero en mano, engañó a Gómez. La convenció de dejar a la nena con la abuela paterna y pasar la tarde juntos. En realidad, buscaba la manera de quedarse solo con ella y tener el camino libre para asesinarla.Fueron hasta la vivienda de madera ubicada en el barrio Ñu Porá. Allí, alrededor de las 17 del jueves, materializó su obra más macabra.La autopsia determinó que la víctima presentaba hematomas en la región intracraneal, sin consecuencias óseas (es decir, fracturas), al parecer efectuadas a puñetazos.Los forenses arribaron a una conclusión: Gómez fue sometida a una paliza feroz y luego estrangulada con un cinto, elemento que aún tenía en el cuello cuando la encontraron en el piso de su casa, alrededor de las 00.10 del viernes. La madre y hermana del sospechoso y algunos vecinos violentaron la puerta de acceso y encontraron el cadáver.Insólitamente, los primeros efectivos policiales que arribaron al lugar pensaron en la posibilidad de un suicidio, pero no pasó mucho para que cayeran en la cuenta de que se trataba de un femicidio. Más increíble resultó luego que se “olvidaran” de avisar al juez. No acudió a la audiencia de Familia el día anteriorVanesa Analía Gómez había denunciado a su concubino Miguel Ramírez (37) por violencia de familia el 1º de este mes. El Juzgado de Familia Nº 2 la citó a audiencias para el miércoles pasado, a fin de ratificar los términos de aquella presentación policial, pero ella no concurrió.Al día siguiente, en horas de la tarde, la asesinaron en el interior de su vivienda, en inmediaciones de la avenida Alberto Roth y Mburucuyá del barrio Ñu Porá.Para los investigadores no acudió a la audiencia en el Juzgado de Familia porque, a esa altura de las circunstancias, había acordado reconstruir su relación con el padre de su hija.Fuentes del caso descartaron ayer que el homicida hubiera intentado hacer pasar la muerte de Gómez como un suicidio. “La mató y listo”, dijeron. Se habría adjudicado la autoría por celularPOSADAS. Un mensaje de texto al celular de su madre selló la vinculación de Miguel Ramírez con el femicidio de Vanesa Analía Gómez, la madre de su hija de diez años.Al parecer, ni bien se conoció de la muerte de la joven de 27 años, la Justicia incautó los celulares de la madre y otros allegados del sospechoso.En él, Ramírez habría reconocido su participación en el hecho. A partir de ese momento, los pesquisas intensificaron el rastrillaje en busca del prófugo, quien desapareció de los lugares que solía frecuentar. Incluida la empresa contratista en la que se desempeñaba como albañil.Ramírez tiene 37 años, es morocho y alto. Fuentes ligadas a la investigación indicaron que había adelantado a sus conocidos que mataría a la madre de su hija, pero nadie pareció tomarlo en serio.La muerte de Gómez fue el corolario de una relación tormentosa, que ella y el sospechoso habrían acordado reconstruir el fin de semana pasado.Según fuentes consultadas, la devoción de ambos por su hija habría incidido en aquella decisión aunque otra versión indicó que, en realidad, el hombre jamás terminó de aceptar la ruptura sentimental con la mujer.




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