POSADAS. Es a través de sus obras y de lo que sembró en quienes lo conocieron que un artista trasciende la muerte, el tiempo…el olvido. Las huellas del alma de Floriano Mandové Pedrozo se vislumbran en sus óleos con paisajes misioneros, y parecen acariciar esos rostros surcados por la vida costera, a los que supo inmortalizar en sus tintas, carbonillas y esculturas. A más de seis años de su partida, el Centro de Comunicación Social Paseo 220 (avenida Roca y Andrade) propone un reencuentro con esos trazos sensibles y testimoniales que hicieron de Mandové Pedrozo un artista único, a través de la muestra “Mandové y su gente”. Esta exposición reúne óleos, tintas, carbonillas, terracotas y tallas de madera realizadas por Mandové, y se logró gracias a la colaboración de amigos y vecinos que quisieron compartir con la comunidad estas piezas de arte que integran sus colecciones privadas. Invitado por el Paseo 220, el artista misionero Bernardo Neumann fue el encargado de presentar la muestra “Mandové y la gente” en la reciente inauguración. PRIMERA EDICIÓN dialogó con Bernardo quien recordó con nostalgia a Mandové y destacó su humildad y su grandeza. “‘Hay mucho que hacer por el arte en Misiones’”“El Paseo 220 se vistió de gala para recibir a un humilde. Cualquier homenaje sería por él rechazado si estuviera entre nosotros, pero como siempre a las personas buenas Dios las necesita pronto, hacia allá partió ‘Mandové’, para colorear los cielos con vivos colores y no sin antes dejarnos una gran cantidad de pinturas, murales, esculturas y dibujos que vendía por pocos pesos e incluso regalaba; soy testigo de ello porque a mí me agasajó con sus hermosos dibujos de una época pasada de Posadas. Nuestra amistad fue auténtica, entre risas y reproches por nuestras maneras de ser tan diferentes”, afirmó Neumann y rememoró: “Cuando comenzábamos a dialogar siempre para él yo era el alemán tozudo, estructurado y laburador, en cambio para mí él era el ‘quijote de la bondad’ que sacaba fuerzas de su esquelética figura para transportarnos con su arte a una Posadas que ya no existe. Sus dibujos y sus pinturas por eso son testimoniales, nos cuentan la historia de la Bajada Vieja, de las lavanderas, de las paseras con su cigarro medio transformado en humo y mitad mascado, las chiperas con su canasto impecable y repleto del más sabroso producto regional o del ‘gurí’ barrigón que sale a pregonar tempranito las noticias de los diarios calentitos como la chipa de las lugareñas”.“Una colección importante que se pudo reunir gracias al aporte de vecinos que cedieron gentilmente las creaciones de ese personaje singular que conocimos frecuentando el Bar Español y que huía de la prensa y de todo formalismo, para dedicarse a trazar -con lo que encontraba a mano- una semblanza de Posadas, la antigua. Tanto para él como para mí ‘lo que marca sirve’, por lo cual en esa exposición se encuentran óleos, tintas, carbonillas, terracotas y tallas de madera, sin desechar su paleta improvisada que no fue más que un pedazo de madera que le sirvió para mezclar colores, una completa exposición que nos hace ver la sencillez de la vida que llevó un grande del arte”. A Mandové “no se le conoce enemigos, jamás una palabra agresiva, más bien siempre agradecido y humilde hasta el extremo de invitar un café y que lo ‘anoten en su cuenta’, ese es el recuerdo que tengo de Mandové. Y cuando ya cansado de tanto andar por estos lares, lo visité por última vez antes de partir para siempre, allí me recordó que ‘hay mucho que hacer por el arte en Misiones’… ¡Cuánta verdad!”, expresó Bernardo Neumann. Postales del ayerFloriano Pedrozo nació en 1938 en Itacaruaré. Dibujante, pintor, escultor y profesor de arte, Mandové supo captar la esencia de la gente y las costumbres de ese Posadas del ayer, que aún muchos recuerdan. “Me gusta pintar los rostros de la gente, la orilla del río y estar en el bar”, le dijo alguna vez este diario el artista. El arte de Mandové nos habla, es un documento de lugares y personas que, por el paso del tiempo y el progreso, ya no están. Sus obras son una postal del modo de ser y de vivir en esta tierra, a orillas del río, y cada trazo cautiva por el destello que ha dejado el alma sencilla de un artista gigante…trascendente.





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