Claudia Olefnik
Artista plástica-Curadora
Whatsapp
0376-4720701
Una caja de colores guardada durante décadas, una carpeta, un dibujo, una fotografía. A simple vista pueden parecer pequeñas cosas. Pero basta que alguien vuelva a tocarlas para que recuperen aquello que verdaderamente conservaron: una historia.
En Todo lo que permanece, la muestra individual de Graciela Fumagalli, esos objetos conviven con pinturas, dibujos y recuerdos para construir un recorrido que no pretende contar una vida de manera cronológica. La propuesta es otra: detenerse en aquello que, a pesar de los años y las transformaciones, insistió en quedarse.
La exposición, que se presenta en el Museo Municipal “Lucas Braulio Areco” de Posadas, comienza mucho antes de las obras recientes. Comienza con una niña de ocho años y una caja de colores. Allí aparece el primer núcleo, “Donde todo comenzó”, como una puerta hacia esa sensibilidad que acompañaría a Graciela aun cuando su vida transitara por otros caminos.
Porque también hubo una profesión, una vocación vinculada con la medicina y el servicio, una familia, afectos, pérdidas y experiencias que fueron dejando huellas. El arte no permaneció aislado de todo aquello. Creció con ella.
El recorrido continúa con “La paciencia de la línea”, donde el dibujo en birome revela otra dimensión de su trabajo. Una técnica que no permite borrar fácilmente obliga a avanzar con atención, acumulando líneas, sombras y pequeños gestos. Allí el tiempo también forma parte de la obra.
Después aparecen “La naturaleza que vuelve” y “La vida que florece”. Paisajes, flores y escenas observadas con detenimiento permiten reconocer una pintura donde la búsqueda técnica convive con algo profundamente afectivo. No se trata solamente de representar aquello que se ve, sino de conservar aquello que una imagen despierta.
Finalmente, “Afectos y presencias” acerca el recorrido a una zona todavía más íntima. Porque hay personas que continúan habitando nuestra historia aun cuando el tiempo modifique las formas de su presencia.
Pero esta muestra guarda además una particularidad. Junto a varias obras hay códigos QR. Al escanearlos, sucede algo inesperado: aparece la voz de Graciela. Es ella quien cuenta.
Relata de dónde nació una pintura, qué recuerdo guarda, qué ocurrió mientras la realizaba o por qué determinada imagen necesitaba convertirse en obra. De pronto, aquello que normalmente encontramos escrito en una cartela adquiere respiración, pausas, emoción. La tecnología, tantas veces asociada con la velocidad, aquí cumple una función casi opuesta: nos invita a detenernos. A mirar y escuchar.
Y quizás por eso los QR no son solamente un recurso incorporado a la exposición. Se convierten en parte de su sentido. Porque si la muestra habla de aquello que permanece, ¿qué puede conservar mejor una memoria que la propia voz de quien la cuenta?
Todo lo que permanece reúne óleos, dibujos, técnicas mixtas y objetos personales, pero en realidad habla de algo que excede a todos ellos. Habla de lo que una persona conserva mientras cambia.
De aquello que parecía pequeño y terminó siendo fundamental. De los afectos que continúan presentes. De una vocación de servicio que convivió con la necesidad de crear. De aquella niña que alguna vez recibió una caja de colores y de la mujer que, muchos años después, todavía encuentra frente a una superficie en blanco una razón para seguir pintando.
Quizás permanecer no signifique quedarse exactamente en el mismo lugar. Quizás sea seguir reconociéndonos, a través del tiempo, en aquello que nunca dejamos de amar.






Discussion about this post