
Este domingo por la tarde, PRIMERA EDICIÓN tomó conocimiento, mediante sus lectores, sobre un caballo que había caído en un pozo de más de 20 metros en Garupá debido a la demora de las autoridades contactadas para ayudar en el caso. Sin embargo, ganó la negligencia y la imprudencia: un pozo profundo, al aire libre y abierto, sin cartelería o algún otro elemento que sirva de prevención o restricción para acercarse, era cuestión de tiempo para que ocurra una tragedia.
Finalmente, pasadas largamente las 18, bomberos y rescatistas pudieron llegar el lugar en el barrio Las Calandrias y, a pesar de horas de intensa de labor realizada, no pudieron salvarlo y el equino murió en el pozo.
Según se informó, al llegar, los efectivos constataron que el animal estaba en el interior del pozo y que llevaba un tiempo considerable en esa situación.
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Para intentar llegar hasta el caballo, los equipos realizaron maniobras con cuerdas y contaron con la colaboración de un tractor. No obstante, la estructura antigua e inestable, con desprendimientos de mampostería, sumada a la profundidad y al riesgo de exposición a gases propios de la descomposición, impidió completar el rescate de manera segura.
Ante esta situación, intervino una veterinaria policial, quien confirmó que el animal había muerto. Debido a los riesgos para el personal, se suspendieron las tareas de extracción y se colocaron una tapa metálica, maderas y señalización como medida preventiva.
Con autorización del propietario, se dispuso el sellado definitivo del pozo para evitar futuros accidentes.
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