La producción de arándanos en la provincia de Corrientes demanda una atención constante y técnica. Para lograr un cultivo rindiendo hasta 10.000 kilos por hectárea, los campos de la región requieren una preparación de suelo específica, protección con mallas antigranizo y una recolección hecha enteramente a mano.
Manuel Rivero, encargado de campo en la empresa El Panqueque SRL, trabaja con esta fruta desde el año 2006. En una recorrida por la producción, repasó los comienzos de la actividad y la evolución de este cultivo en la zona.
“Pertenezco a la empresa El Panqueque y estoy en el tema de los arándanos desde 2006. Primero fui empleado y ahora estoy como encargado de campo. En aquel momento se probó con una sola variedad, la O’Neal, que era la única que había en ese tiempo. Al principio nos costó que la planta arrancara, pero una vez que cumplió sus tres años de ciclo empezó a producir bien y se decidió seguir adelante con el proyecto”, recordó Rivero.
Según comentó, el ciclo productivo de la fruta exige un calendario muy preciso. La floración se registra entre mayo, junio y julio, mientras que las primeras frutas aparecen a comienzos de julio. A partir de allí se abre una ventana de cosecha de dos a tres meses, para luego dar paso a las tareas de mantenimiento que preparan la planta para el año siguiente.
El suelo ácido y el trabajo manual
Uno de los factores técnicos fundamentales para la fruta es el tipo de suelo. El arándano exige niveles de acidez específicos que solo se logran con insumos determinados. “La parte fundamental del arándano, aunque parezca increíble, es la corteza de pino. Sin la corteza de pino el arándano no funciona, porque necesita sí o sí un suelo ácido”, explicó.
A la exigencia del terreno se le suma la complejidad de la cosecha. La recolección debe realizarse de forma manual y delicada para no dañar el fruto. Según detalló Rivero, para trabajar una sola hectárea se necesita un equipo de entre 30 y 40 personas recolectando al mismo tiempo.
Esta alta demanda de mano de obra se transformó en uno de los principales obstáculos para el sector. En los momentos de mayor volumen, la falta de cosecheros obligó a reducir la superficie cultivada.
“El tema del personal nos complicó mucho y nos llevó a disminuir la cantidad de hectáreas. Nosotros éramos un campo de 24 hectáreas e imagínense que en la época fuerte teníamos entre 300 y 400 cosecheros. Llegó un punto en el que la fruta nos ganaba porque no conseguíamos gente suficiente. Además, en esta temporada la lluvia complica bastante el trabajo”, reconoció.

Nuevas variedades y recambio de plantas
Frente a las exigencias del mercado, que hoy busca frutas de mayor tamaño y de cosecha más temprana, la empresa planea sumar nuevas hectáreas con variedades modernas.
“Queremos agrandar unas 3 o 4 hectáreas más en la parte del frente del predio con una variedad nueva, que sea temprana y de mayor calibre. La variedad que tenemos es temprana, pero el tamaño del fruto es muy chico. Hoy la mayoría está plantando variedades más competitivas”, señaló.
El proceso de renovación implica plantar en abril para obtener los primeros rendimientos al año siguiente. Luego de la recolección, se realiza una poda severa para retirar las ramas viejas que ya cumplieron su ciclo.
Aunque la bibliografía técnica indica que una planta de arándano puede durar hasta 20 años en producción, las exigencias comerciales obligan a renovar las parcelas antes de tiempo. “Según las cuentas una planta dura hasta 20 años, pero nosotros nunca llegamos a ese límite porque siempre fuimos rotando las variedades”, concluyó Rivero.






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