Lo destacado ayer, tercera jornada de debate oral en el TP-2, fue el relato de una mujer y la labor de investigadores de la Dirección Homicidios de la Policía provincial, que no dudaron de ella y, sin perder tiempo, establecieron hacia dónde y en qué automóvil escaparon los dos agresores que acabaron a balazos con la vida de Cristian Díaz, durante la madrugada del domingo 8 de mayo en el barrio Yohasá de esta capital.
La vecina de la víctima fatal declaró ante los jueces César Antonio Yaya, Martín Alejandro Rau y Augusto Gregorio Busse, en el juicio a los dos jóvenes brasileños de 24 años, oriundos de Porto Alegre: David Wesley de Oliveira Silva y Gabriel Junior Guimaraes Da Silva, acusados como coautores de “homicidio doblemente calificado por el concurso premeditado de dos o más personas con alevosía”, comprendido en el artículo 80, incisos 2 y 6, del Código Penal Argentino.
La testigo, empleada gastronómica, recordó que pasadas las 2 del 8 de mayo había regresado de trabajar a su casa de la chacra 94 y que, poco después de encontrarse con su hija, oyeron los estampidos de disparos y los gritos que provenían de la vivienda con la que compartían medianera en el fondo.
Al salir a observar qué ocurría, vio a dos muchachos corriendo hacia un automóvil blanco, en el que los esperaba el conductor y con el que desaparecieron en dirección a la avenida Almirante Brown, por la calle 95.
Ese vehículo, un Fiat Duna, fue ubicado pocas horas después en el barrio Luis Piedrabuena, sobre calle Montecarlo, a pocos metros de Luis Pérez, detrás de un comercio mayorista de la avenida Quaranta.
“Como una lechuza”
El testigo que se encargó ayer de apuntalar la veracidad del relato de la vecina de Cristian Díaz fue un comisario mayor, por entonces jefe de la Dirección Homicidios. Antonio Gabriel Comes sostuvo en la sala de audiencias de la calle San Martín 1452 que la punta de la hipótesis surgió de la claridad de los datos aportados por la mujer y que estos se transformaron rápidamente en la línea central de investigación cuando lograron reconstruir el recorrido del Fiat Duna, su destino y la propiedad del mismo.
Cuando identificaron al sospechoso conductor del automóvil, montaron vigilancia en la zona y establecieron que se trataba de una vivienda de dos pisos, sin iluminación externa y en la que se registraban movimientos vinculados a la comercialización de estupefacientes al menudeo.
El lunes por la noche, el sigilo para observar y aguantar con calma la salida de los presuntos sicarios dio frutos, ya que siguieron un taxi que los fue a buscar y se dirigía hacia la terminal de colectivos.

Comes relató que observó inquieto a “David Wesley, el más alto de los dos”. “Giraba la cabeza sentado en el taxi para todos lados, parecía una lechuza. Los seguimos y en la terminal de colectivos de Santa Catalina y Quaranta los volvimos a ver en el andén de la planta baja. Esperaban el colectivo hacia Santo Tomé, Corrientes, y desde allí a San Borja, Brasil”, explicó.
El comisario agregó que los abordaron, identificaron y detuvieron sin resistencia. “Sabíamos que eran peligrosos. Lo confirmamos luego con los cruces de datos”, señaló.
Todo el procedimiento fue informado al juez de Instrucción 7, Miguel Mattos, quien ordenó la detención inmediata y, pocas horas después, el allanamiento de la vivienda del barrio Luis Piedrabuena.
Cuando irrumpieron en el inmueble, el propietario había desaparecido, pero su automóvil estaba en el lugar. Para confirmar que se trataba del transporte que habría facilitado el crimen, alcanzó con chequear un detalle que les permitió encontrarlo: al Duna le faltaba o fallaba un foco delantero y uno trasero.
Respecto de los acusados, también declaró un eslabón clave en el expediente que instruyó el juez Mattos: el taxista que los trasladó a la terminal. Fue preciso y también admitió que tenía referencias negativas de la vivienda a donde fue a buscar a David Oliveira Silva y Gabriel Guimaraes Da Silva.
“Era un punto donde íbamos con pasajeros y nos pedían que los esperemos mientras bajaban a comprar falopa”, respondió con claridad ante la consulta del juez Busse para que especificara sin rodeos.
La pareja de Cristian Díaz fue la primera testigo de ayer y manifestó que estaba despierta en la sala de la casa antes de que ocurriera el ataque a tiros en el kiosco y desde la ventana enrejada a través de la cual vendía bebidas alcohólicas durante la noche y madrugada. Afirmó que miraba la televisión cuando oyó los disparos consecutivos y fatales.





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