Patricia Couceiro
Máster en Constelaciones
Whatsapp 3764-829015
Todos tenemos un refugio. Un lugar seguro donde podemos relajarnos, bajar las defensas y simplemente ser quienes somos.
Tal vez lo aprendimos de niños. Cuando el mundo nos resultaba demasiado grande o amenazante, buscábamos ese rincón donde nada ni nadie podía alcanzarnos. Allí nos sentíamos protegidos. Allí podíamos abrazarnos por dentro y descansar.
Con el paso de los años, muchas veces dejamos de visitar ese lugar. Las responsabilidades, las exigencias y el ritmo de la vida nos fueron alejando de ese espacio íntimo. Sin embargo, el refugio nunca desaparece. Solo espera que volvamos a encontrar el camino.
Entonces vale la pena preguntarnos:
¿Cuál es mi refugio?
¿Dónde me siento realmente seguro?
¿De qué me nutro cuando la vida me agota?
¿Dónde encuentro la paz cuando todo parece estar en movimiento?
Algunas personas encuentran su refugio en la naturaleza, otras en el silencio, en la oración, en la meditación, en un abrazo, en la música o en el arte. Hay quienes lo descubren caminando, contemplando un amanecer o simplemente respirando con presencia.
Pero existe un refugio aún más profundo: el que habita en nuestro interior. Cuando aprendemos a volver a nosotros mismos, dejamos de buscar desesperadamente afuera lo que solo puede nacer desde adentro. Ese refugio interior no depende de las circunstancias ni de la presencia de otras personas. Es un estado de conexión con nuestra esencia, con esa parte de nosotros que permanece intacta más allá de las heridas, los miedos o las pérdidas.
Desde una mirada sistémica, muchas veces nuestro refugio se fortalece cuando ocupamos nuestro verdadero lugar en la vida. Cuando dejamos de cargar con destinos que no nos pertenecen y nos reconciliamos con nuestra historia, recuperamos una profunda sensación de pertenencia. Es allí donde el alma puede descansar.
Quizás hoy sea un buen momento para volver a ese lugar. No para escapar del mundo, sino para encontrarte con vos mismo. Porque quien conoce su refugio interior puede atravesar las tormentas sin perderse. Puede abrir el corazón sin dejar de cuidarse. Y puede caminar la vida con la certeza de que, pase lo que pase, siempre tendrá un lugar al cual regresar. Ese lugar está dentro tuyo. Siempre estuvo allí, esperándote.





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