Natalia Moyano
Contadora con corazón de escritora
IG: @marianataliamoyano
El cerebro solo entiende evidencias, por eso, es tan importante pasar a la acción, demostrar en pequeños actos que ya estamos siendo la persona que elegimos ser. Entre la persona que somos y la que queremos ser, hay pequeñas batallas que nos ganamos a nosotros mismos.
Todo gran cambio se construye de pequeñas decisiones que, sumadas, se transforman en evidencias indiscutibles para nuestro cerebro de que ya estamos siendo la persona que queremos ser. Por ejemplo, si elegimos ser una persona ordenada, y luego dejamos nuestros zapatos tirados en cualquier lugar, ese minúsculo hecho tiene gran repercusión en nuestro cerebro. Es ese instante, esa pequeña decisión, es la que construye nuestra identidad elegida.
Vencernos a nosotros mismos, a nuestra pereza, o a nuestra costumbre, y en vez de dejarlo tirado, guardarlo en su lugar, es entrenar el músculo de la disciplina que nos permite conseguir lo que queramos. Cuando estas pequeñas decisiones se suman, y son varias batallas ganadas, nuestro cerebro entiende que estamos ante un cambio, que estamos siendo la persona que elegimos ser.
Cada pequeña batalla que nos ganamos a nosotros mismos, y hacemos lo que dijimos que haríamos, a pesar de la pereza o del miedo, refuerza nuestra autoestima, y le dice a nuestro cerebro que nuestra palabra se cumple. No hay batallas pequeñas, en lo poco se crea lo mucho.
Ser persistentes en actuar como si ya fuéramos la persona que elegimos ser, hace que nuestros hechos refuercen nuestros pensamientos, nuestras nuevas creencias se afiancen y nos demuestran que somos creíbles. La ropa que no ordenaste, el gimnasio que faltaste, la tarea que ibas a hacer hoy, pero la dejaste para mañana, esas son nuestras pequeñas batallas, que, si las superamos, construyen un escalón de nuestra escalera al éxito.
A veces, la pereza o el miedo a lo que los otros puedan pensar nos frena para hacer algo, una estrategia es empezar con algo muy pequeño y, generalmente, mientras lo hacemos ya la pereza o el miedo se van y terminamos haciendo mucho más de lo que hubiéramos imaginado. La clave es dar el paso, por pequeño que sea, ganar esa pequeña batalla.
Como afirma Anxo Pérez: “Cada vez que superas la pereza para la menor de las batallas, la estás superando para la mayor de las guerras”.






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