Karina Holoveski
Mujer Medicina-Chamana.
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Hay llamados que no se escuchan con los oídos, sino con el pulso profundo del pecho. En este tiempo convulso de ritmos acelerados e hiperconexión digital, volver la mirada hacia la Tierra no es un acto folclórico ni una simple costumbre ancestral: es una necesidad vital de reconexión con nuestro propio centro.
Como nos enseñan los abuelos y abuelas de los pueblos originarios, las tradiciones verdaderas no se quedan atrapadas en un mapa ni pertenecen de forma exclusiva a una geografía. Cuando una tradición se siente propia, se comparte, se extiende más allá de las fronteras físicas y se honra con absoluto respeto. Así es como su medicina viaja en el tiempo, alcanzando a quienes están listos para recibirla y recordándonos que no estamos aislados, sino que somos parte indivisible de la red sagrada de la vida.
El mes de agosto nos invita a detener la marcha. Es el Mes de la Pachamama, un portal del calendario cósmico y humano donde la naturaleza nos convoca a la pausa. Especialmente el 1º de agosto, la Tierra se dispone espiritualmente para la ofrenda. Nos enseñan los sabios que en este día la Madre abre su boca; se vuelve receptiva, blanda y atenta para recibir no solo el alimento físico que le entregamos en gesto de amor, sino principalmente la vibración de nuestro agradecimiento sincero.
Sembrar en la Pachamama es, en esencia, sembrarnos a nosotros mismos. Cada intención que depositamos en el altar de la Tierra es un rezo manifiesto sobre la humanidad que elegimos ser.
¿Qué pensamientos, emociones y compromisos queremos cultivar en nuestra vida cotidiana? ¿Con qué calidad de presencia habitamos nuestros días?
Honrar a la Madre Tierra es activar la frecuencia de la gratitud, una de las medicinas energéticas más potentes que existen. Al agradecer lo que nos sostiene -el aire, el agua, el alimento, el suelo que pisamos-, salimos de la ilusión de la escasez para instalarnos en la abundancia de la vida. Nos volvemos canales de armonía, ordenando nuestro campo energético en sintonía con los ritmos naturales.
En este agosto que comienza, te invito a escuchar el llamado. No hace falta una gran ceremonia: basta con descalzarte sobre la hierba, encender una resina sagrada, entregar una fruta o una flor al suelo con amor y pronunciar un gracias desde el alma.
Que la sabiduría de la Madre Tierra nos devuelva la memoria de lo sagrado y nos recuerde que para florecer hacia el cielo, primero hay que enraizar profundamente en el corazón de la vida. Nos vamos acompañando..💖






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