Karyna González
Fundadora de Spacio Mujer
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En los últimos años, la palabra feria empezó a usarse para describir casi cualquier encuentro donde hay algunos emprendedores con un stand. Y quizás ahí está el problema.
Porque una feria no se define por la presencia de emprendedores. Se define por el propósito con el que fue creada. Una verdadera feria nace para que el emprendedor sea el protagonista. Todo se piensa alrededor de él: el día, el horario, el lugar, la circulación del público, la comunicación, la propuesta y la experiencia.
No alcanza con ofrecer un espacio para instalar un gazebo. Una feria de emprendedores existe para generar oportunidades. Cuando el objetivo principal del evento es otro, el emprendedor deja de ser el centro y pasa a ser un complemento. Y el trabajo emprendedor merece mucho más que eso.
Detrás de cada stand hay personas que invirtieron tiempo, dinero, creatividad y esfuerzo, hay familias que dependen de esas ventas, hay marcas que buscan crecer, hay historias. Por eso organizar una feria también implica una enorme responsabilidad. No se trata de llenar un espacio con stands, se trata de crear las condiciones para que esos emprendimientos puedan desarrollarse.
Después de tantos años acompañando a miles de emprendedores, estoy convencida de algo: las mejores ferias no son las que convocan más gente. Son las que generan más oportunidades.
Tal vez llegó el momento de dejar de llamar feria a cualquier evento donde participan emprendedores. Porque cuando todo es una feria, las verdaderas ferias pierden su identidad. Y quienes más lo sienten son, justamente, los emprendedores. Ellos merecen mucho más que un lugar donde estar. Merecen un lugar donde realmente puedan crecer.






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