Con motivo de los 400 años de la fundación de Santa María del Iguazú, se publicó el libro “La reducción de Santa María del Iguazú”, de María Angélica Amable, que rescata la historia de la primera reducción jesuítica establecida en la región del Iguazú en 1626 por los sacerdotes Diego de Boroa y Claudio Ruyer.
La fundación de Santa María del Iguazú representó la llegada del Evangelio al “agua grande”. Lejos de tratarse de una experiencia efímera, la reducción tuvo relevancia estratégica y continuidad histórica, consolidándose posteriormente en otro territorio.
La obra destaca la importancia estratégica y religiosa de la misión, impulsada inicialmente por Roque González de Santa Cruz, así como el proceso de traslado de la comunidad hacia la zona del río Uruguay tras los ataques bandeirantes.
A pesar de la mudanza, el nombre Iguazú y el gentilicio “iguazuense” continuaron utilizándose, evidencia de la continuidad del pueblo y de sus familias. La gesta de aquellos primeros evangelizadores conserva hoy un fuerte valor fundacional para la Iglesia diocesana de Iguazú, que recuperó la advocación de Santa María del Iguazú y la proclamó como su Patrona.






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