En medio de cambios sociales, tecnológicos y familiares, la enseñanza de la lectura y la escritura en los primeros años de la escuela primaria es uno de los principales desafíos del sistema educativo, especialmente tras las transformaciones que dejó la pandemia en los modos de aprender y de vincularse. Al ser una instancia clave en la alfabetización, PRIMERA EDICIÓN visitó la Escuela Provincial 53 “Bartolomé Mitre” de Posadas para hablar con las maestras del primer ciclo: Gabriela Mendoza, Yesica Viera, Patricia Romero y Laura Ramos.
Desde su experiencia en el aula, la docente Patricia Romero describió ese proceso como “un desafío, porque tenemos que cortar con el juego del jardín e introducirlos a un mundo distinto, con más reglas y límites”, en referencia al ingreso de los niños a la alfabetización formal.
En el trabajo cotidiano en el aula, la docente Yesica Viera sostuvo que “nunca podemos hacer lo mismo de año a año, cada grupo es diferente”, por lo que -según explicó- es necesario construir un aprendizaje “significativo” que parta del contexto real de los estudiantes y no solo de los contenidos de los libros.
A su vez, Romero remarcó que “siempre partimos de los saberes que ellos traen”, ya que el aprendizaje requiere apoyarse en experiencias cercanas, mientras que las actividades se desarrollan a través de juegos, canciones y recursos visuales, junto con “el pizarrón que nunca pasa de moda, les encanta participar, escribir y trabajar con materiales”.
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Las canciones, según explicó Viera, se convierten en una herramienta central al afirmar que “empezamos con canciones regionales para trabajar las vocales”, lo que permite avanzar progresivamente hacia el reconocimiento de palabras y del propio nombre, favoreciendo la participación de los alumnos.
El rol de la familia
Sin embargo, una de las principales preocupaciones es el rol que ocupa la familia, ya que “son pocos los padres que realmente acompañan”, advirtió Viera, mientras que su colega Gabriela Mendoza subrayó que “el acompañamiento de los padres es fundamental” para sostener en el hogar lo que se trabaja en la escuela.
En ese sentido, Romero explicó que “cada niño tiene su tiempo y eso se respeta”, aunque remarcó que el tiempo escolar es limitado y que el acompañamiento en casa resulta clave para fortalecer los procesos de aprendizaje.
El impacto de la tecnología
Otro de los aspectos que inciden es el impacto de la tecnología, ya que “los chicos miran más videos y eso afectó el habla”, sostuvo Romero, al tiempo que Viera enfatizó que “lo más importante es que los padres hablen con sus hijos”, porque -según afirmó- “necesitan sentirse escuchados”.
En cuanto a las prácticas de enseñanza, las docentes defendieron la continuidad de la escritura tradicional al señalar que “es importante que conozcan los diferentes tipos de letras”. Sobre el aprendizaje de la escritura manuscrita, Romero agregó que la cursiva “ayuda a la motricidad fina”, lo que impacta en otras habilidades manuales.
La vulnerabilidad
Al ser una escuela pública donde acuden muchos niños de contextos humildes del barrio Yacyretá y alrededores, compartieron que el contexto social también se hace presente en el aula. “Hay niños que reflejan situaciones que viven en sus casas o en el barrio”, explicó Viera, mientras que Romero indicó que algunos alumnos llegan en condiciones de vulnerabilidad y dependen del servicio alimentario escolar.
Más allá de las dificultades, Romero destacó que “siempre hay algo por mejorar, no podemos estancarnos”, y Viera concluyó que el trabajo colectivo dentro de la institución es clave al remarcar que “tenemos un equipo muy unido, con buena comunicación”, lo que permite sostener el acompañamiento a los estudiantes.









