Colaboración: Francisco Pascual y Martín Ghisio
En la producción forestal actual, atravesada por crecientes demandas de sostenibilidad, transparencia y legalidad, las certificaciones forestales se consolidan como un elemento central para el desarrollo del sector. Lejos de ser únicamente un sello comercial, representan un sistema de gestión integral que ordena procesos, mejora prácticas y fortalece la competitividad.
El tema fue puesto en debate en el marco de las Jornadas Técnicas Forestales y Ambientales (JOTEFA 2026), realizadas en la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones, donde un conversatorio reunió a actores públicos, privados, académicos y profesionales vinculados al sector forestal.
Qué implica certificar
Las certificaciones forestales, como FSC y PEFC, establecen estándares internacionales que garantizan que la producción se realiza bajo criterios ambientales, sociales y económicos responsables. Esto incluye el cumplimiento de la normativa, la conservación de la biodiversidad, el respeto por las comunidades y la trazabilidad de la madera a lo largo de toda la cadena. Así lo plantearon Florencia Chavat (PEFC) y Esteban Caravelli (FSC) en el marco de las JOTEFAs realizadas en Eldorado.
A través de auditorías independientes, estos sistemas verifican que la gestión forestal sea sostenible y que los productos puedan ser rastreados desde el bosque hasta el consumidor final.
En la práctica, certificar implica incorporar registros, monitoreo y control de procesos, así como sostener instancias de mejora continua que permiten profesionalizar la actividad.
En Misiones, existen 206.889 hectáreas certificadas bajo el estándar FSC, tanto para producción como para conservación. En cuanto al estándar PEFC, la superficie certificada alcanza las 301.807 hectáreas.
Más que un sello: una herramienta de gestión
Uno de los principales consensos que surgió del intercambio es que la certificación no debe pensarse solo como una exigencia del mercado, sino como una herramienta que permite ordenar la producción, generar evidencia y mejorar la toma de decisiones.
En este sentido, el extensionista de INTA Eldorado, Diego Chifarelli, destacó que estos procesos contribuyen a sistematizar prácticas, fortalecer la trazabilidad y consolidar una gestión más eficiente en las empresas. “La certificación es una herramienta importante para sostener y abrir mercados, y mejorar los procesos productivos hacia adentro de las empresas. Esto será sumamente relevante ante las posibilidades que se abren con el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur”, sostuvo.
A su vez, se remarcó la importancia del trabajo de extensión y acompañamiento técnico para que productores forestales de distintas escalas -especialmente pequeños y medianos- puedan conocer en profundidad estos sistemas, comprender sus requisitos y avanzar en su implementación. En este sentido, el rol de las instituciones públicas y los equipos territoriales resulta clave para facilitar el acceso a la certificación y reducir las brechas existentes.
Mercados exigentes
En el plano comercial, la certificación adquiere un rol cada vez más estratégico. Si bien no siempre implica un mejor precio, funciona como una condición de acceso o permanencia en mercados, especialmente en el ámbito internacional.
Las nuevas regulaciones vinculadas a la deforestación, como las impulsadas por la Unión Europea, junto con escenarios de apertura comercial, refuerzan la necesidad de garantizar trazabilidad, legalidad y sostenibilidad en los productos forestales.
En ese contexto, la certificación aparece como un factor clave para posicionar la producción argentina y sostener su competitividad.
A pesar de sus beneficios, el acceso a la certificación presenta desafíos, especialmente para pequeños productores y pymes. Los costos de implementación, la complejidad administrativa y la necesidad de asistencia técnica son algunas de las principales dificultades.
También inciden factores territoriales, como la informalidad o la dificultad para sostener registros en ciertos contextos productivos. No obstante, muchos de estos requisitos están vinculados a buenas prácticas que tienden a fortalecerse en el conjunto del sector.
Un debate abierto para el sector
El conversatorio evidenció el creciente interés por la temática y la necesidad de seguir generando espacios de diálogo.
La participación de actores diversos permitió poner en común miradas sobre gestión, mercado, ambiente y territorio, en un campo donde confluyen múltiples dimensiones.
En una provincia como Misiones, con fuerte identidad forestal, la certificación se proyecta como un eje estratégico para el futuro del sector. No solo por su impacto en los mercados, sino también por su aporte a una producción más sostenible, transparente y articulada con las demandas actuales.






