Un sector relegado de Santa Inés cobró notoriedad en las últimas semanas gracias a un grupo de vecinos, quienes, ante la necesidad de llevar la comida a la mesa, pusieron en marcha una feria solidaria que combina la venta de productos con el regreso de trueque.
Además, el requisito para instalarse a vender es llevar un alimento no perecedero y todo lo que se junta sirve para armar canastas de alimentos que se sortean entre los feriantes luego de cada encuentro, y “de esa forma regresan a sus casas con un ayudita más”.
La iniciativa surgió por impulso de Carmen Pedrozo, presidenta barrial, quien dijo a PRIMERA EDICIÓN que el proyecto (que ya espera su tercera edición), comenzó mediante la recuperación de un terreno olvidado, donde las familias espontáneamente se empezaron a ubicar para vender y autosustentarse.
“Limpiamos una parte que no se utiliza, supuestamente figura en catastro como una calle, pero no hay nada. Entonces, entre un grupo de vecinos se limpió el lugar para empezar la feria, porque nos pareció totalmente justo que entre todos estuviéramos encontrándole una salida ante la crisis”, explicó la mujer.
En la zona, varias familias producen pan, fruta o verduras y el canje de un artículo por otro les permite sostener su economía.
“Yo les dije: cambien lo que hacen por algo, por medias, ropa para la escuela o útiles. Si compran mercadería al por mayor hagan combitos y revendan. Y así surgió, todos nos ayudamos entre todos”.
Si bien, aún se encuentran en la informalidad (por el momento están a la espera de una autorización municipal) la gente se junta a vender y a comprar, dentro de lo que es un circuito de ayuda comunitaria que nuclea a alrededor de 40 feriantes, todas mujeres.
“La feria funciona como punto de encuentro mensual. Allí las emprendedoras locales exhiben y venden su mercadería, desde alimentos hasta artesanías y es una entrada más de plata o la posibilidad de intercambiar algo que ya no se usa por lo que se necesita”, dijo.
A su vez, Pedrozo destacó el impacto económico de la propuesta, en un contexto adverso donde empezaron a reaparecer los trueques, todavía de forma sutil, pero ya como radiografía de la dura realidad que enfrentan las familias en el interior de Misiones, algo que no se veía desde el 2001.
Relegados
Por otra parte, detrás de la experiencia comunitaria Pedrozo contó que subyace una problemática estructural. El barrio, según describió carece de servicios básicos y reconocimiento institucional.
“Pedí basurero, pedí espacio verde, pedí agua, todas las notas ya están presentadas”, sostuvo. Sin embargo, hasta ahora los vecinos no obtuvieron respuestas.








