En un escenario atravesado por transformaciones tecnológicas, cambios normativos y nuevas formas de organización, el trabajo dejó de ser únicamente un medio de subsistencia para convertirse en un espacio donde se juegan dimensiones centrales de la vida subjetiva. Esa fue una de las ideas que atravesó el reciente episodio del ciclo “Espíritu Adolescente”, conducido por el psicólogo Matías Santander, en el que participaron los profesionales especializados en psicología laboral Mariano Maidana, Nicole Salinas, Agustin Aranda y Josefina Lubary. Los cuatro son fundadores e integrantes de Lumen Consultora, un espacio en Posadas que acompaña a personas en el mundo del empleo.
Lejos de reducir el debate a la clásica dicotomía entre “trabajar para vivir” o “vivir para trabajar”, los especialistas coincidieron en que esa oposición resulta insuficiente para explicar la complejidad actual. “El trabajo no es solo un empleo, también es identidad, sentido y salud mental”, señalaron durante la conversación, al tiempo que remarcaron que las condiciones laborales, el reconocimiento y la estabilidad impactan directamente en el bienestar psíquico de las personas.
Desde esa perspectiva, el trabajo aparece como un espacio profundamente atravesado por factores sociales, históricos y económicos. “Ningún trabajador está aislado”, sintetizaron, al advertir que toda experiencia laboral se construye en relación con un contexto determinado. En esa línea, destacaron la necesidad de sostener una mirada amplia que contemple tanto las dimensiones productivas como las subjetivas.

La noción de “subjetividad laboral” emergió como un concepto clave. Según explicaron, cada persona se vincula con su actividad desde múltiples dimensiones que incluyen lo personal, lo social y lo cultural. Esa relación no es neutra, sino que puede generar tanto estabilidad como desgaste, dependiendo de las condiciones en las que se desarrolla. “Pasamos gran parte de nuestra vida trabajando, y eso inevitablemente nos constituye”, afirmaron.
En ese entramado se inscribe el rol de las consultoras laborales como Lumen, que buscan intervenir en la relación entre trabajadores y organizaciones. Según explicaron sus integrantes, se trata de espacios que brindan servicios tanto a individuos como a empresas, desde selección de personal hasta capacitación y bienestar organizacional.
“Funcionamos como intermediarios, intentando equilibrar los intereses de ambas partes”, indicaron, al describir una tarea que definieron como compleja y atravesada por tensiones permanentes.
Esa complejidad se vuelve aún más evidente en el contexto actual del mercado laboral. Entre los principales desafíos del siglo XXI, los profesionales señalaron el aumento de las exigencias, la necesidad constante de formación y la irrupción de nuevas tecnologías. “Hoy se requiere adaptarse todo el tiempo”, advirtieron, en referencia a un escenario donde la actualización permanente se vuelve casi una condición obligatoria.
La pandemia marcó un punto de inflexión en ese proceso. La expansión del trabajo remoto introdujo nuevas posibilidades, como mayor flexibilidad y autonomía, pero también generó dificultades para establecer límites entre la vida personal y laboral. “Cuando el lugar de descanso se convierte en lugar de trabajo, esos límites se desdibujan y aparece el malestar”, explicaron.
A su vez, el avance de la virtualidad y las redes sociales profundizó dinámicas de comparación y exposición constante. “Siempre parece que uno está llegando tarde”, describieron, en alusión a una sensación extendida entre trabajadores y profesionales. Este fenómeno, vinculado a la hiperconectividad, también impacta en la construcción de la identidad laboral, que muchas veces se fragmenta entre distintos perfiles y roles.

En paralelo, señalaron que el mercado laboral se volvió más dinámico y vertiginoso, con la aparición constante de nuevos puestos y modalidades. En ese contexto, la adaptabilidad se posiciona como una competencia central, aunque no exenta de tensiones.
“Se exige cada vez más, muchas veces en condiciones que no necesariamente mejoran”, remarcaron, al advertir sobre un escenario que puede derivar en precarización.
Ese debate se profundiza con la discusión en torno a la reforma laboral en Argentina, un tema que también formó parte del encuentro. Los especialistas coincidieron en que se trata de una normativa compleja, con múltiples aristas y efectos aún inciertos. “Es difícil anticipar impactos concretos porque todavía no está plenamente implementada”, señalaron.
No obstante, identificaron dos grandes posturas en torno a la reforma. Por un lado, quienes la consideran una herramienta para facilitar la contratación y reducir la informalidad; por otro, quienes advierten que podría implicar una flexibilización de derechos y mayores niveles de precarización. “Siempre habrá sectores beneficiados y otros que no”, resumieron.
Más allá de las posiciones, el eje central vuelve a ser la calidad de las condiciones laborales. “No se trata de trabajar más o menos, sino de cómo se trabaja”, plantearon, al subrayar que las transformaciones en curso exigen una mirada atenta sobre sus efectos en la salud mental.
En este escenario, destacaron el papel de la psicología laboral como herramienta para acompañar procesos y mediar conflictos. Sin embargo, aclararon que no existen soluciones mágicas.




