Cada 11 de abril, el calendario de salud marca una fecha de reflexión: el natalicio de James Parkinson, el médico que en 1817 describió por primera vez la “parálisis agitante”. Hoy, más de dos siglos después, la enfermedad que lleva su nombre es la segunda patología neurodegenerativa más importante a nivel global, solo superada por el Alzheimer.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, la especialista en gerontología Mirta Soria destacó que, aunque la ciencia ha avanzado en tratamientos, el principal enemigo sigue siendo el desconocimiento y el prejuicio. “El objetivo es reducir el estigma y promover un diagnóstico temprano para mejorar la calidad de vida”, señalaron, subrayando que el entorno familiar suele ser el primero en retraerse ante los síntomas visibles.
Aislamiento: cuando el temblor genera “vergüenza”
Uno de los puntos más críticos analizados por Soria es el impacto social. Muchas familias dejan de asistir a reuniones o salidas a comer porque al paciente se le cae una bebida o no puede sostener un vaso con firmeza.
“Esas situaciones llevan al aislamiento del paciente y a que la familia sienta vergüenza, cuando en realidad es parte de la enfermedad”, explicó. En este sentido, la visibilización por parte de figuras públicas como el Indio Solari o el actor Gerardo Romano ha sido fundamental para naturalizar la patología y entender que el diagnóstico no implica “bajarse del escenario” de la vida.
Señales de alerta: ¿qué observar?
La detección temprana es vital, pero para eso hay que desterrar el mito de que el deterioro es una consecuencia inevitable del paso del tiempo. No es que el abuelo tiembla porque está viejo; es que hay una alteración neurológica que requiere consulta.
Los síntomas que deben encender las alarmas son:
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Lentitud de movimientos: Tardar más de lo habitual en agarrar un mate o un objeto.
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Inestabilidad en la marcha: El paciente suele abrir más las piernas para buscar seguridad al caminar.
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Pérdida de destreza y mareos: Caídas frecuentes o dificultad en tareas manuales finas.
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Temblor en reposo: Movimientos involuntarios en extremidades sin causa evidente.
Tratamientos y cobertura
Si bien el Parkinson es una enfermedad progresiva y actualmente sin cura, la medicina ofrece alternativas para mejorar drásticamente la sintomatología. Entre las novedades se encuentra la administración de drogas a través de bombas de infusión subcutánea, una tecnología que permite un control más estable de los síntomas.
Un dato no menor es que las obras sociales tienen la obligación de cubrir estos tratamientos, garantizando el acceso a la medicación y terapias necesarias para sus afiliados.
Consejos para la vida diaria
Al margen de la medicación, la prevención de accidentes es clave para evitar complicaciones como fracturas por osteoporosis:
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Calzado adecuado: Fundamental para evitar tropiezos.
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Actividad física: Salir a caminar y mantenerse activo ayuda a retrasar la pérdida de masa muscular.
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Controles regulares: Al margen de lo neurológico, el control clínico permite detectar déficits nutricionales o de vitaminas que suelen pasar desapercibidos. Esto, sumado a la prevención de la osteoporosis, es fundamental para evitar que una caída -especialmente peligrosa en días de lluvia por la inestabilidad que genera la enfermedad- termine en una fractura que complique aún más el cuadro
“Debemos cuidarnos y, sobre todo, pedir ayuda”, fue el mensaje final. El Parkinson no se puede prevenir, pero un entorno informado y un diagnóstico a tiempo pueden hacer que el camino sea mucho menos solitario y limitado para el paciente.



