Miles de personas participaron este jueves por la noche de una nueva edición de la Misa Popular de las Misiones, celebrada al aire libre en el Conjunto Jesuítico de San Ignacio Miní, en una velada que volvió a unir fe, identidad cultural y música regional en uno de los escenarios más emblemáticos de la provincia.
La jornada de Jueves Santo tuvo su momento culminante con la presentación del acordeonista apostoleño Chango Spasiuk, quien ofreció un concierto cargado de sensibilidad, reflexión y raíz misionera ante una multitud que colmó la plaza mayor de la reducción jesuítica.
La actividad comenzó con una demora de aproximadamente una hora debido a un chaparrón que afectó parte del equipamiento técnico y el escenario. Pese a ese contratiempo, la programación pudo desarrollarse con normalidad luego del trabajo del equipo organizador.
En ese contexto, el secretario de Estado de Cultura de Misiones, Joselo Schuap, destacó el esfuerzo realizado para sostener el evento y acompañó la previa con interpretaciones musicales junto al grupo “La Guitarreada”. Durante su participación también evocó el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, con un reconocimiento a los ex combatientes presentes.
La celebración religiosa comenzó minutos después de las 21 y fue presidida por el obispo de la diócesis de Posadas, Juan Rubén Martínez, con acompañamiento musical del conjunto “La Melchora” y otros artistas dirigidos por el maestro Carlos Servián.
Durante uno de los pasajes de la ceremonia, el obispo convocó a vivir el inicio del Triduo Pascual desde un mensaje de unidad y espiritualidad. “Este momento en que se inicia el Triduo Pascual y acompañamos a Jesucristo en su pasión, muerte y resurrección, debe encontrarnos unidos y clamando por la paz, en un mundo que se está volviendo cada vez más hostil. Más que nunca la humanidad necesita del amor que Cristo nos enseñó”, expresó.

Una vez concluida la liturgia, el Coro Universitario y la Orquesta Juvenil de la Universidad Nacional de Misiones ofrecieron un repertorio con piezas vinculadas al Período Misional Jesuítico, aportando una dimensión patrimonial y artística a una noche de fuerte contenido simbólico.
Más tarde llegó uno de los momentos más esperados, con la aparición en escena de Chango Spasiuk, ovacionado por el público desde el primer instante. En sus primeras palabras, el músico apostoleño invitó a la introspección y a la reflexión sobre lo sagrado, en un mensaje que conectó con el sentido de la fecha y con el clima espiritual del encuentro.
“Este es un momento de introspección, de reflexión: de pensar en lo sagrado, de pensar de dónde venimos; de detenernos en el misterio que es el ser humano y en las tradiciones que, a veces, nos ayudan y nos dan herramientas para reflexionar sobre lo sagrado”, expresó. Luego agregó: “Porque cada uno de nosotros tiene algo sagrado en el corazón, tiene esa chispa. Y desde ese lugar tenemos que construir un espacio en este mundo tan loco, tan violento, tan inútil, tan imbécil”.
Acompañado por los músicos de Sur del Sur Ensamble, el artista desplegó una selección de composiciones propias y versiones elaboradas de otros autores. Entre ellas se destacó una interpretación de “Schotis de Las Tunas”, obra de Luis Ángel Monzón, abordada con un tratamiento sonoro que entrelazó la raíz litoraleña con climas cercanos a la música barroca.

El concierto también tuvo como invitada especial a la cantante Flor Bobadilla, quien aportó su voz en canciones como “Las cosas tienen movimiento”, de Luis Alberto Spinetta. Más adelante se sumaron nuevamente el Coro Universitario de Misiones y la Orquesta Juvenil de la UNaM para recrear dos obras de la emblemática Misa Criolla, creada por Ariel Ramírez en 1964.
En el tramo final, Spasiuk interpretó algunas de sus composiciones más reconocidas, entre ellas “Tierra colorada”, en un cierre celebrado por el público en una noche marcada también por la presencia de la luna llena sobre el predio jesuítico.




