En el marco de las actividades de Semana Santa, Posadas volvió a reunir este jueves a vecinos y visitantes en torno a una de sus propuestas más convocantes y representativas del calendario religioso y turístico. Se trata del tradicional circuito “7 Iglesias”, una iniciativa que combina espiritualidad, historia, patrimonio arquitectónico e identidad local, y que este año volvió a mostrar una alta participación.
La actividad comenzó a las 8 en la Plaza 9 de Julio, desde donde partió un contingente de más de 70 personas acompañado por guías de turismo, en un recorrido que atravesó distintos puntos de la ciudad y permitió visitar templos con fuerte valor simbólico, religioso y urbano.
Organizado por el municipio, el circuito se consolidó en los últimos años como una de las propuestas más elegidas durante Semana Santa, tanto por posadeños como por turistas que aprovechan estos días para reencontrarse con prácticas tradicionales y, al mismo tiempo, conocer otra dimensión de la ciudad.
La iniciativa se apoya en una de las costumbres más significativas del calendario cristiano, la visita a siete iglesias durante Semana Santa. Se trata de una práctica que rememora el recorrido de Jesucristo desde su aprehensión hasta su crucifixión, evocando distintos momentos de su pasión. Cada templo representa una estación de ese camino y propone una instancia de oración, reflexión y recogimiento.
Sin embargo, en Posadas la experiencia también adquirió una dimensión cultural y turística cada vez más marcada. El circuito no solo invita a la vivencia religiosa, sino también al descubrimiento del patrimonio arquitectónico, de las historias barriales y de la diversidad espiritual que convive en la capital misionera.
La primera parada fue la parroquia San Roque, ubicada en Villa Sarita, uno de los barrios tradicionales de la ciudad y a pocos metros de la costanera y del río Paraná. El templo tiene sus orígenes en las primeras décadas del siglo XX, cuando comenzó como una capilla impulsada por la comunidad barrial, en paralelo al crecimiento urbano de Posadas. Con el tiempo fue ampliándose hasta consolidarse como un espacio de referencia para los vecinos.
Luego, el recorrido se trasladó hasta la parroquia Santa Catalina, emplazada sobre la avenida homónima, en cercanías de la avenida Alem. Sus orígenes se remontan a 1957, cuando comenzó a funcionar como capilla con una fuerte vinculación con la educación, a partir del desarrollo de su escuela parroquial. En los últimos años, además, incorporó un cinerario, ampliando así sus servicios pastorales.
La tercera parada fue en la Capilla Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, ubicada en uno de los extremos de Villa Cabello. Allí, el clima del recorrido sumó una postal muy propia de la Semana Santa misionera. Integrantes de la comunidad ofrecieron panificados caseros, entre ellos rosca de Pascua y pan cuca, que acompañaron una pausa marcada por el mate, el tereré y el intercambio entre los participantes.

El circuito continuó luego hacia la parroquia Santo Cura Brochero, en Itaembé Guazú, una de las zonas de mayor expansión urbana de Posadas. La incorporación de este templo al trayecto mostró también cómo la propuesta fue ampliándose para incluir a nuevas comunidades y acompañar el crecimiento de la ciudad. Allí, el perfil contemporáneo del templo dialoga con una zona que se consolidó en los últimos años como uno de los sectores de mayor desarrollo habitacional.
Más adelante, la visita incluyó la Vicaría Santa Lucía, ubicada en la intersección de las avenidas Santa Cruz y Aguado, en una zona estratégica que conecta distintos barrios. El templo se presenta como un espacio activo no solo en lo litúrgico, sino también en la vida cotidiana de la comunidad.
En el tramo final, el contingente pasó por la parroquia San Vladimiro, uno de los espacios religiosos más singulares de Posadas por su vínculo con la colectividad ucraniana. Allí, la arquitectura, la iconografía y la liturgia del rito oriental aportaron un matiz distintivo a la experiencia, que también funcionó como acercamiento a una expresión cultural profundamente arraigada en la ciudad.
La última parada fue en la parroquia Sagrada Familia, sobre la avenida Roque Sáenz Peña, en un punto que conecta el microcentro con sectores residenciales. Con un diseño moderno y funcional, el templo se consolidó en los últimos años como un espacio de referencia para numerosas familias de la zona.





