La crisis diplomática entre Argentina e Irán escaló en las últimas horas con una decisión de máxima gravedad: el Gobierno de Javier Milei declaró “persona non grata” al principal representante diplomático iraní en el país y le ordenó abandonar el territorio nacional en un plazo de 48 horas.
La medida fue oficializada por la Cancillería a través de un comunicado difundido por el canciller Pablo Quirno, en el que se informa que “la República Argentina ha declarado persona non grata al Sr. Mohsen Soltani Tehrani, Consejero y Encargado de Negocios ad interim de la República Islámica de Irán […] y debe abandonar el territorio nacional en un plazo de 48 horas”.
— Cancillería Argentina 🇦🇷 (@Cancilleria_Ar) April 2, 2026
El texto precisa que la decisión se adopta “de conformidad con el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas”, mecanismo jurídico que permite a un Estado expulsar a un representante extranjero sin necesidad de explicaciones formales adicionales.
Un conflicto que escaló en 48 horas
La expulsión es la respuesta directa a un duro comunicado difundido el día anterior por la Cancillería iraní, que condenó la decisión argentina de incluir a la Guardia Revolucionaria en el listado de organizaciones terroristas.
Desde Teherán calificaron la medida como “ilegal e injustificada” y la consideraron “una ofensa imperdonable al pueblo iraní”. Además, advirtieron que la decisión “genera responsabilidad internacional para el Estado argentino” y acusaron al Gobierno de actuar bajo la influencia de Estados Unidos y de Israel.
El comunicado iraní también elevó el tono político al afirmar que el presidente argentino y su canciller “se han colocado como cómplices de los crímenes cometidos y del lado equivocado de la historia”.
La respuesta argentina
Frente a esas declaraciones, la Cancillería argentina sostuvo que los dichos de Irán contienen “acusaciones falsas, ofensivas e improcedentes” y constituyen “una inaceptable injerencia en los asuntos internos” del país.
El Gobierno además vinculó el episodio con el histórico conflicto judicial por el Atentado a la AMIA, al remarcar la “persistente negativa” de Irán a cooperar con la Justicia argentina y su “reiterado incumplimiento” de órdenes internacionales de detención contra exfuncionarios iraníes.
En ese marco, también se consideró “particularmente grave” la designación en cargos de alta responsabilidad dentro de la Guardia Revolucionaria de personas requeridas por la Justicia argentina.
“La República Argentina no tolerará agravios ni injerencias de un Estado que ha incumplido de manera sistemática sus obligaciones internacionales”, concluye el comunicado oficial, que reafirma el compromiso con “la memoria, la justicia y la lucha contra el terrorismo”.
Un escenario internacional tenso
La escalada ocurre en un contexto global delicado, marcado por la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán en Medio Oriente, lo que agrega un componente geopolítico al conflicto bilateral.
En ese escenario, la Guardia Revolucionaria —estructura clave del sistema de poder iraní— se convirtió en el eje de la disputa: mientras Argentina la vincula al terrorismo internacional, el régimen de Teherán la reivindica como una fuerza de defensa nacional.
La expulsión del encargado de negocios sintetiza así un deterioro acelerado de las relaciones diplomáticas entre ambos países, que en apenas 48 horas pasaron del cruce de acusaciones a una medida concreta de ruptura política.
El episodio no solo profundiza la tensión bilateral, sino que proyecta a Argentina en un alineamiento internacional más definido, en un momento de creciente polarización en el tablero global.
Fuente: Infobae





