Armas, fuego, bullying. Los episodios de violencia en la adolescencia fueron tomando, en el último tiempo, formas diferentes que muchas veces tienen registro porque se dan dentro o fuera de las aulas. Solamente repasando la última semana, en la provincia hay antecedentes: una pelea en la vía pública en Apóstoles y un incendio intencional de un adolescente que destruyó una escuela en San Antonio.
Ayer en Santa Fe la magnitud de lo ocurrido fue diferente, porque un estudiante llevó a la escuela un arma y decidió disparar a sus compañeros, pero la pregunta que queda de fondo es qué está pasando entre los más jóvenes para que estas acciones, cada vez más comunes y, de mayor escala, sean vistas como una “respuesta” posible a lo que están enfrentando.
La psicóloga Camila Sepper, que se dedica a la atención de adolescentes en consultorio, analizó en diálogo con PRIMERA EDICIÓN este fenómeno y sintetizó que es “un reflejo de cómo estamos hoy como sociedad”, porque para los jóvenes la violencia “no solo se da dentro de la escuela, también por fuera y no tiene fin”, replicada sin control en ámbitos como las redes sociales.
Para la licenciada, lo más preocupante es que la agresión se instala en un tipo de vínculo que consideró crucial en esa etapa de la vida: los pares y compañeros de clase.
Crecer sin sostén
Uno de los grandes problemas entre los adolescentes, para Sepper, es que les cuesta “poner en palabras” lo que sienten o las situaciones que están viviendo. Eso muchas veces se traduce en “sentimientos de malestar o de angustia”, muy mencionados por los jóvenes cuando se animan a buscar ayuda en salud mental.
En ese sentido, la profesional aseguró que el bullying motiva muchas de esas consultas, un problema que “indagando un poco más, da cuenta de que existe mucha violencia entre los adolescentes”, replicada y continuada sin límites en las redes.
“Es una adolescencia que se está formando más en una vida virtual que en una vida real y ahí existe mucha violencia. Si pensamos en el nivel de la escolarización, también hay que pensar que la violencia se está dando no solo dentro del espacio escolar, sino también por fuera. Eso continúa, no tiene un fin”, aseguró.
Lo que pasa en las aulas, por lo tanto, evaluó que es un correlato de lo que pasa a nivel general, de un clima social, donde “existe muy poca empatía entre nosotros como comunidad”. Eso provoca también que los más jóvenes, si se animan a “poner en palabras” lo que les está pasando, no consideren que tienen espacios seguros donde puedan compartirlo.
Por eso, la psicóloga también evaluó que preocupa que se debiliten los lazos familiares, o entre amigos y compañeros, porque se pierde “una red de apoyo” clave para evitar que el malestar escale hacia episodios más graves.
“Si algo se necesita en esa etapa de la adolescencia es tener una red de apoyo. Cuando algo de lo endogámico, de lo familiar, está generando algún malestar, uno se apoya en lo exogámico, en este grupo de pares. Y cuando algo está funcionando mal en la escuela o con tu grupo de pares, es necesario que tengamos, en el caso de los adolescentes, un espacio de escucha en casa, por parte de algún familiar, o alguien que pueda sostener”, explicó Sepper.
En esa línea, unió esa percepción de los jóvenes con las emociones que manifiestan en la consulta. “Siempre se sienten muy aislados. Poco escuchados. Hablan mucho de la soledad, es algo que aparece constantemente”, dijo.
Cómo encontrar respuestas
Sepper definió que lo ocurrido en Santa Fe fue una “expresión extrema”, que refleja que “hay casos donde quizás (los adolescentes) no tuvieron un espacio para pensar qué es lo que les está pasando”. En ese sentido, sostuvo que “en la adolescencia todo se lleva a la acción, a lo impulsivo, y tener un espacio en el que se permita poner en palabras algún malestar, alguna angustia, implica que ya no todo tenga que pasar por la acción”.
Ese es el primer paso para desactivar las escaladas de violencia, porque “al poner en palabras, los síntomas, consecuentemente, van desapareciendo, es lo mismo que les pasa a los adultos. La palabra es lo principal”, sintetizó.
Consultada sobre el lugar que ocupan las familias y las escuelas en ese proceso, aseguró que la mayoría de las veces los jóvenes se animan a consultar “cuando tienen un apoyo familiar” y que la escuela es el lugar donde se producen “los llamados de atención” porque “es un espacio en el que sí o sí se los escucha”.
“La escuela es un otro que está pendiente de vos, que escucha y en quien uno se puede refugiar en ese momento en el que siente que nadie te escucha”, resumió, considerando que muchos de los hechos menores son “una forma de pedir ayuda, de pedir al otro que te escuche”.
Violencia entre pares
Los relevamientos nacionales muestran que la violencia en la escuela, específicamente entre pares, no es un hecho aislado: es una experiencia muy extendida, que empieza incluso en el nivel primario.
De acuerdo a los últimos datos del operativo Aprender, que se realizó en divisiones de 5° grado de primaria y 5° o 6° año de secundaria, seis de cada diez estudiantes aseguraron haber sufrido algún tipo de agresión por parte de compañeros, ya sea dentro de la escuela o a través de redes sociales.
Además, más de la mitad de los alumnos dijo haberse sentido “excluido en algún momento”, mientras que el 36% señaló haber sido discriminado y un porcentaje similar aseguró haberse sentido solo dentro del entorno escolar.








