“Las amenazas de la policía son constantes, yo sufro por Adrián porque tiene problemas con el consumo de estupefacientes pero también él sufre no poder conseguir un trabajo y ganar más que los 50 mil pesos mensuales que le dan por los barridos de calles o con la venta de verduras en bolsitas que arma”.
María Teresa Cabral está acorralada por el miedo y por el contexto que no le permite rescatar a su hijo de los estupefacientes y de los robos de cables o cualquier otro elemento para reducir y hacerse de pocos billetes y volver a consumir.
José Adrián Jesús Cubilla habría participado en el intento de robo de transformadores y cables de un depósito de la estación transformadora de electricidad de EMSA en la zona conocida como “La Tablada”, de la avenida Cocomarola en la zona sur de esta capital.
El joven fue reducido por dos efectivos de la comisaría Octava y resultó herido de gravedad en el rostro por uno de los dos disparos que efectuó uno de los policías.
María recurrió a PRIMERA EDICIÓN para manifestar que está “con miedo, temo por mi hijo porque en la comisaría me dijeron que Adrián se salvó de milagro, por tres milímetros el balazo no le penetró el cerebro, le atravesó el rostro desde la sien izquierda hasta salir debajo de la nariz del lado derecho. Me dijeron y lo tomo como una amenaza: ‘La próxima no se salva’”.
“Pero además me lo dijeron nerviosos en la comisaría el lunes por la noche cuando un muchacho se presentó en mi casa y me dijo que mi hijo estaba mal, herido y con mucho dolor encerrado en la Octava. El que vino a mi casa lo hizo de favor porque ningún policía se acercó a mi casa para avisarme lo que le pasó un día antes”.
“Fui desesperada a la comisaría y no me dejaron verlo, solo me dieron una orden médica de los remedios que tenía que comprarle y que le indicaron en el Hospital Madariaga el domingo. Recién el martes a la tarde lo vi veinte minutos, más no me dejaron. Estaba desesperado de hambre y me admitió que acompañó a un grupo de jóvenes a robar en La Tablada. Fue de campana y me relató que cuando llegó la policía no se resistió y que ya lo tenían en el piso cuando le dispararon”.
María Cabral manifestó además que ayer “Adrián fue llevado a indagatoria al Juzgado (Instrucción 1) y él denunció lo que le hicieron, detalló sin vueltas todo, que fueron a robar cobre pero que él no opuso resistencia y tampoco agredió a la policía”.
“En la fiscalía hice la denuncia y me dijeron que el policía que le habría disparado se presentó con un abogado y lo acusó a mi hijo. Nosotros no tenemos dinero, apenas para comer y estamos amenazados. Tengo miedo por Adrián, cada vez que sale a la calle una patrulla si lo cruza en el barrio (San Lorenzo) lo agarran y llevan detenido. La semana pasada él acompañaba a uno de sus hermanos al CAPS porque estaba engripado y los detuvieron a los dos. Después lo dejaron ir al que estaba enfermo a la salita”.

La madre es clara: “Mi hijo consume drogas como la mayoría de los pibes, están todos metidos en el consumo de sustancias, pero además de pedir ayuda para que los asistan ahora tengo que suplicar para que la policía no lo mate”.
“Adrián trabaja en el barrido de calles y vende bolsitas con verduras que arma con lo que sobre de los mercados. Por barrer le pagaban 80 mil pesos hasta el mes pasado. Ahora bajó a 50 mil por mes porque son cada vez más los jóvenes que piden esa ayuda”.
Lo sucedido el domingo en jurisdicción de la comisaría Octava se mantuvo bajo estricto silencio desde la fuerza de seguridad. Durante el correr de las horas entre el lunes y martes, el hecho tomó notoriedad como información.
Mientras tanto, el joven herido permanece detenido en la comisaría mencionada con analgésicos y antibióticos, con fuertes dolores en el cráneo, atemorizado y a la espera de que, según el turno que le dieron en el Hospital Ramón Madariaga, el martes 31 de marzo le realicen una resonancia para determinar la evolución del trauma físico y las posibles secuelas.








