En un giro que impacta en una de sus enseñanzas más controvertidas, los Testigos de Jehová anunciaron una modificación en su doctrina sobre el uso de la sangre. A través de un comunicado difundido por su órgano de gobierno, el Cuerpo Gobernante, la organización informó un “cambio en nuestra postura sobre el uso de nuestra propia sangre al recibir atención médica y quirúrgica”.
La nueva directiva habilita a los fieles a decidir de manera individual si aceptan procedimientos de autotransfusión, es decir, la extracción y almacenamiento de su propia sangre para ser utilizada en una cirugía. Sin embargo, la prohibición de recibir transfusiones de sangre de otras personas se mantiene sin cambios.
El anuncio fue presentado por Gerrit Lösch, miembro del Cuerpo Gobernante, en uno de los videos oficiales de la organización. “Cada cristiano debe decidir por sí mismo cómo se utilizará su propia sangre en todos los cuidados médicos y quirúrgicos”, afirmó. “Esto incluye permitir o no que su propia sangre sea extraída, almacenada y luego se le vuelva a introducir”, agregó.
Durante décadas, los Testigos de Jehová interpretaron los pasajes bíblicos que instan a “abstenerse de la sangre” como una prohibición absoluta, incluso en contextos médicos de urgencia. Esta postura llevó a rechazar transfusiones aun en situaciones críticas y a considerar como ejemplos de fe a quienes priorizaban ese mandato.
El cambio introduce una flexibilización inédita en la historia del movimiento, fundado en Estados Unidos en el siglo XIX, aunque mantiene uno de sus pilares doctrinales: el rechazo a recibir sangre de terceros.
Aun así, el propio Lösch evitó profundizar en las razones de la modificación y remitió a publicaciones anteriores como La Atalaya, donde —según sostuvo— ya se planteaba la responsabilidad individual en estas decisiones, aunque esos textos también incluían restricciones explícitas.
La autotransfusión, conocida como uso de sangre autóloga, consiste en que un paciente done su propia sangre antes de una cirugía programada para recibirla en caso de necesidad. Se trata de una práctica utilizada en determinados contextos médicos y considerada segura por especialistas. Según los expertos, la sangre puede extraerse entre seis semanas y cinco días antes de la intervención, y se descarta si no es utilizada.
La decisión generó sorpresa tanto entre creyentes como entre exmiembros, dentro de una comunidad que reúne a cerca de 9,2 millones de fieles en más de 200 países.
Fuente: Medios Digitales





