El 18 de febrero es una de las tantas fechas que no se borrará jamás de la mente y el corazón de María Cristina Garda (62) y Aníbal Ramón Duarte (70) porque fue ese día que pisaron el suelo de las Islas Malvinas, cumpliendo así el sueño de sus vidas. Fue un destino pensado, pero a la vez, sorpresivo, pero fue el viaje elegido para celebrar la jubilación de la pareja, ella como docente de la Escuela 219.
“La picada” y él como trabajador del Judicial. “Era el sueño de nuestras vidas poder llegar alguna vez a las Islas Malvinas. Siempre pensábamos en ir. Cuando vimos que la empresa de turismo lo promocionó, quedamos enloquecidos, pensando en cómo íbamos a hacer para engancharnos porque es muy costoso”, comentaron. María Cristina quedó “soñando”, mientras que Aníbal se acercó a la empresa, hizo el contrato y en mayo del año pasado comenzaron a pagar las cuotas.
El viaje se extendió durante quince noches y 17 días. Salieron desde Buenos Aires hacia Montevideo en el Crucero Celebrity Equinox y desde la capital uruguaya directamente a las Islas Malvinas, durante dos días.
La embarcación no atracó en el muelle, sino que se detuvo en la bahía y los pasajeros bajaron en pequeñas lanchas. “Para nosotros fue una experiencia hermosa. El permiso que te dan es para permanecer un día, de 8 a 17, pero ya teníamos prevista una excursión por el poblado -de unos tres mil habitantes y una base militar-, el puerto, la costanera, el monumento de los caídos ingleses”, relataron.
Recorrieron la ciudad de Puerto Argentino (Stanley) con un “guía” que hablaba solamente inglés. “Queríamos ir al cementerio de Darwin, distante a 80 kilómetros de donde estábamos, lejos para el tiempo que teníamos previsto permanecer. Esa era nuestra idea. Pero para eso teníamos que tener autorización de ambos consulados”.
Aseguraron que “fue una experiencia interesante y que no todas las personas tienen la posibilidad de llegar a Malvinas. Así que llegar ahí y tocar ese suelo, sentir todo lo que nos pasó a nosotros como argentinos fue maravilloso, muy emocionante. No se puede contar con palabras”, sintetizaron los padres de hija Marianela -madre de sus nietos: Giovanni y Maylis- que estaba más feliz que nosotros y nos alienta en los viajes que tenemos ganas de hacer”.
El matrimonio analizó que “no a todos, la guerra tocó de la misma manera. La vivimos los que en ese momento teníamos 18, 19 años. Y esas son las personas que realmente sienten la vivencia de los soldados que, en definitiva, eran unos niños que no sabían ni siquiera a dónde iban. Al llegar y ver esa inmensidad, te haces miles de preguntas: ¿cómo llegaron? ¿Cómo se bajaron?, ¿cómo sobrevivieron? porque el clima es súper árido. No se ven árboles y el viento es constante. Hay mucha roca, muchas montañas, muchos pastizales, detrás de los cuales se escondían los soldados, según dijo el guía”.
El clima los recibió de diferentes maneras. “Llegamos, por ejemplo, con un sol radiante. Después llovía, había viento. Y cuando volvíamos caía agua nieve. En un lapso de siete horas se presentaron todos los climas como diciendo, acá estamos”, acotaron quienes desde Posadas viajaron solos, en medio de unos pocos argentinos y de pasajeros del resto del mundo.
Después que salieron de Malvinas, pasaron por Ushuaia, Cabo de Hornos, Estrecho de Magallanes, Punta Arenas, regresando por Puerto Madryn y Punta del Este, para regresar a casa emocionados y satisfechos de haber podido realizar este viaje que es también “un homenaje a tantos héroes misioneros caídos durante la guerra. Fue un honor poder llegar y pisar ese suelo -como nos decía la coordinadora de viajes, Florencia- es también en representación de todos los misioneros”.











