La crisis económica que atraviesa la Argentina, caracterizada por una marcada recesión y una pérdida sistemática del poder adquisitivo, transformó la dinámica de las economías familiares.
Un claro ejemplo son las joyerías, donde la compra de alhajas por parte del público desapareció casi por completo, siendo reemplazada por una afluencia constante de ciudadanos que buscan liquidar sus activos en metales preciosos.
Este fenómeno responde directamente al achicamiento de los salarios frente a la suba de impuestos, las tarifas de energía eléctrica y el precio de la nafta, factores que configuran un escenario donde el ingreso mensual resulta insuficiente para cubrir las necesidades básicas de las familias.
Al respecto, Antonio Giuffrida, joyero con una trayectoria de 43 años en el rubro, dialogó con PRIMERA EDICIÓN y explicó que el perfil del vendedor actual pertenece mayoritariamente a la clase media y baja: “Se trata de personas que, ante la imposibilidad de financiarse incluso con tarjetas de crédito -con pagos mínimos o cuotas que ya representan en muchos casos el 50% del sueldo-, recurren a la venta de lo que poseen como reserva, desde piezas de oro de ahorro hasta herencias familiares”.
El costo de vida y la cotización internacional
El contexto bélico internacional impulsó el valor del oro a nivel global, lo que “paradójicamente” convierte a la venta de este metal en un recurso financiero significativo en relación con los salarios actuales en pesos. En ese sentido, Giuffrida detalló que “en el mercado de Posadas, el gramo de las piezas denominadas ‘chafas’, que son joyas viejas destinadas a ser fundidas, se comercializa en aproximadamente 130 mil pesos, mientras que el gramo de oro en lingote alcanza los 190 mil pesos”.
Estas cifras, según aclaró “están estrictamente ligadas a la cotización de la onza en el mercado mundial, lo que garantiza una referencia real para los usuarios frente a la volatilidad de la moneda local”.
En cuanto a las ofertas que circulan en grandes centros urbanos como Buenos Aires, donde se prometen pagos de hasta 400.000 pesos por gramo, el joyero advirtió sobre la “naturaleza engañosa” de dichas publicidades: “Existen registros de personas que viajaron a la capital del país con la expectativa de obtener una ganancia superior y terminaron percibiendo montos inferiores a los que se pagan en Misiones”. Ante ello, agregó que “la transparencia en la tasación es fundamental” y que “cualquier promesa de valores desproporcionados suele esconder maniobras engañosas”.
El destino de los fondos
A diferencia de otros momentos donde la venta de oro -según recordó Giuffrida- podía representar el acceso a bienes de capital como vehículos o inmuebles, la tendencia actual marca que el dinero obtenido se diluye en gastos de consumo inmediato.
“Los de la ciudad acuden a las joyerías para obtener una platita extra que les permita pagar la luz, arreglar un desperfecto en la vivienda o reparar el automóvil, herramienta de trabajo indispensable para muchos”, dijo y señaló que “la prioridad absoluta hoy es la supervivencia financiera y el cumplimiento de las obligaciones mensuales”.





