Colaboración: Francisco
Pascual y Martín Ghisio
En el sector forestal, la productividad y calidad de los árboles comienza mucho antes de que el plantín llegue al campo. Es en los viveros donde se define gran parte del futuro de las plantaciones, a partir de las semillas con las que se producen los plantines.
En Misiones, ese proceso se articula a través del trabajo conjunto entre el INTA y los viveros forestales, que transforman los avances en mejoramiento genético en plantas que luego llegan a los productores.
Uno de esos viveros es Arco Iris, en Puerto Esperanza, que desde hace décadas produce plantines forestales para la región. “Mi padre comenzó con la actividad en 1957 y desde 1983 estamos produciendo plantines en este lugar”, cuenta Luis Kutz, propietario del vivero.
El vínculo con el INTA lleva más de 25 años y hoy incluye la utilización y multiplicación de materiales mejorados. “Los materiales del INTA son excelentes. En comparación con otros materiales tienen una ganancia interesante en producción”, señala Kutz.
Actualmente, el vivero produce plantines de pino -principalmente Pinus taeda- que luego son implantados por productores forestales en toda la región.
Del vivero al productor
A partir del trabajo de los viveros, los avances en genética forestal se transforman en millones de plantines que llegan cada año a las chacras y establecimientos forestales.
Este proceso es clave porque permite que la mejora genética no quede limitada al ámbito experimental, sino que se traduzca en resultados y beneficios concretos en el campo.
“Hoy la industria busca cada vez mejor calidad de árboles: buen crecimiento, buena forma y ramas finas que permitan mejores rendimientos en el aserradero. Eso es lo que está logrando el trabajo del INTA”, explica Kutz.
En este sentido, los viveros cumplen un rol estratégico como puente entre la investigación y la producción, permitiendo que los productores accedan a materiales con mejor desempeño.
La base genética
Detrás de este proceso hay más de 30 años de trabajo en mejoramiento genético de pinos en el INTA Montecarlo. “El INTA viene trabajando desde los años 90 en el mejoramiento genético de pinos en Misiones, con el objetivo de identificar árboles superiores que permitan mejorar la productividad y la calidad de las plantaciones”, explica el investigador Cristian Rotundo.
A partir de este trabajo, se han desarrollado materiales que muestran mejoras concretas en el rendimiento.
En el caso de Pinus taeda, se registran incrementos de hasta 24% en volumen de madera, mientras que en Pinus elliottii las mejoras alcanzan alrededor del 20%. En pinos híbridos desarrollados en el país, los incrementos pueden llegar hasta 48% en volumen, e incluso los nuevos programas de mejoramiento muestran potenciales cercanos al 50%.
Estos avances no solo impactan en la productividad, sino que también permiten reducir la dependencia de materiales importados, reemplazando genética que históricamente provenía del exterior.
Decisión
En forestación, la elección del material genético es una decisión de largo plazo. A diferencia de otros cultivos, las plantaciones de pino tienen ciclos productivos que pueden extenderse entre 15 y 25 años.
Esto implica que la calidad del plantín es de extrema importancia para el desempeño de la plantación durante toda su vida útil. Por eso, pequeñas mejoras en crecimiento, forma del árbol o calidad de madera se traducen, con el paso de los años, en diferencias significativas de volumen, rendimiento industrial y rentabilidad para el productor.
Transferencia
El trabajo articulado entre el INTA y los viveros forestales permite que la investigación en genética llegue efectivamente al campo. A través de este proceso, miles de hectáreas en la región se implantan cada año con materiales mejorados, lo que contribuye a aumentar la productividad, mejorar la calidad de la madera y fortalecer la competitividad del sector forestal.
De esta manera, la genética deja de ser un desarrollo de laboratorio para convertirse en una herramienta concreta de producción, que comienza en el vivero y se expresa, años después, en cada plantación forestal.






