En un contexto donde la caída de la natalidad es centro de debate y cada vez más mujeres deciden postergar la maternidad, la criopreservación de óvulos se consolida como una herramienta en crecimiento dentro de la medicina reproductiva, al permitir preservar la fertilidad y ampliar el margen de decisión frente al paso del tiempo.
El fenómeno se inscribe en un cambio cultural más amplio. En Argentina, la tasa de fecundidad ronda actualmente los 1,6 hijos por mujer, un nivel por debajo del necesario para el reemplazo poblacional, mientras que se profundiza la tendencia a tener hijos a edades más avanzadas.
Según especialistas, este escenario responde a múltiples factores, entre ellos el mayor acceso a métodos anticonceptivos, la inserción laboral femenina y la elección consciente de priorizar proyectos personales o profesionales antes de formar una familia.
“El cambio de paradigma es claro: hoy muchas mujeres no sienten la necesidad de definir tempranamente si quieren o no ser madres. Existe un proceso más reflexivo”, explicó el Dr. Agustín Pasqualini, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR).
El límite biológico
Sin embargo, las decisiones sociales no siempre coinciden con los tiempos biológicos. La fertilidad femenina comienza a descender de forma progresiva a partir de los 30 años, se acentúa después de los 35 y, a los 40, las probabilidades de lograr un embarazo espontáneo disminuyen significativamente.
En ese contexto, las técnicas de reproducción asistida ganan protagonismo, especialmente la criopreservación.
Cómo funciona la criopreservación
La técnica consiste en extraer, congelar y almacenar óvulos a temperaturas extremadamente bajas (alrededor de -196 °C) en nitrógeno líquido, con el objetivo de conservar su calidad y viabilidad a lo largo del tiempo.
Cuando la mujer decide buscar un embarazo, esos óvulos pueden ser descongelados, fecundados mediante fertilización in vitro y posteriormente transferidos al útero.
“La utilidad principal es conservar la posibilidad de ser madre con óvulos propios más adelante, cuando la fertilidad natural ya pudo haber disminuido”, explicó la Dra. Andrea Divita, especialista en Medicina Reproductiva.
Por qué crece su uso
Entre las principales razones para recurrir a esta técnica se destaca la postergación de la maternidad, una decisión cada vez más frecuente. Congelar óvulos permite, en cierto modo, “pausar” el impacto del envejecimiento sobre la calidad ovocitaria.
Además, también se indica en casos médicos específicos, como tratamientos oncológicos, cirugías ováricas o enfermedades que pueden comprometer la fertilidad futura, como la endometriosis o trastornos autoinmunes.
Los especialistas advierten, sin embargo, sobre la importancia de la información temprana. “Cuando una paciente llega a los 40 años sin saber que su reserva ovárica es baja y sin haber preservado antes, muchas veces ya es tarde”, señaló Divita.
Decidir con más información
En este nuevo escenario, la discusión sobre la maternidad se desplaza hacia el terreno de la autonomía y el acceso a la información. La posibilidad de elegir cuándo ser madre ya no depende exclusivamente de la biología, sino también del acceso a herramientas médicas.
“El desafío es acompañar estas decisiones con educación en salud reproductiva y acceso a la información desde edades tempranas”, concluyó Pasqualini.
Fuente: Agencia de Noticias NA





