Natalia Moyano
Contadora con corazón de escritora
IG: @marianataliamoyano
Las palabras que nos decimos verbalmente y en nuestro diálogo interno, crean nuestra realidad. Generan emociones, esas emociones nos llevan a acciones, y esas acciones nos generan los resultados, es decir, nuestra realidad.
Si se nos presenta una oportunidad y al instante de considerar llevarla adelante, aparece nuestro diálogo interno o nuestras propias palabras en voz alta como: “Es difícil”, “no estoy lo suficientemente preparada”, “los otros tienen más experiencia”, “no tengo el dinero”, “ya estoy demasiado grande para empezar”.
Esas palabras que nos decimos nos generan de forma inmediata una emoción: sentimos que no podemos, que somos insuficientes, que algo nos falta. Esta emoción nos lleva a una acción: dejar pasar la oportunidad, dejarla “para otro momento”, “para más adelante”.
Esa acción de “no hacer”, nos lleva al resultado, que es no lograr lo que deseamos.
Pensamiento – Emoción – Acción – Resultado.
Con nuestro diálogo interno o palabras que nos repetimos constantemente, generamos creencias sobre nosotros mismos, sobre lo que podemos y no podemos, lo que somos y no somos, y esas creencias tan arraigadas, forman caminos neuronales, que limitan nuestros resultados.
“No vivimos de acuerdo a nuestras capacidades, vivimos de acuerdo a las creencias que tenemos sobre nuestras capacidades”.
La PNL (programación neurolingüística) es una herramienta que nos permite revisar estas creencias arraigadas en nuestra mente, para elegir cuales nos suman y cuales ya no; y a estas últimas, reemplazarlas por nuevas creencias, elegidas por nosotros, que si nos aporten valor.
Todos estamos expuestos a caer en un discurso interno negativo, en decirnos palabras que “nos tiren para abajo” pero todos tenemos el poder de detener eso y transformarlo.
El primer paso es volvernos “guardianes de nuestros pensamientos y de nuestras palabras” es decir, estar en “modo observador sin juicio” para detectar cuando nos estamos diciendo palabras que nos limitan, detenernos y abrazarnos.
El segundo paso es reformular lo que nos estamos diciendo, reemplazando por palabras constructivas y de poder, que sean más útiles para nosotros y agregando la pregunta: “¿Cómo puedo hacer?” en lugar de “nunca hago bien” o “siempre me sale mal”.
El tercer paso, es ¡ir y hacerlo! Nuestro cerebro cree en las evidencias; cuando nos decimos algo y luego hacemos en concordancia con lo que dijimos de manera repetida, esto refuerza nuestras palabras, construye nuevas creencias que reemplazan a las anteriores y genera un nuevo camino neuronal.
Observar nuestro diálogo interno y lo que nos decimos, reemplazar las palabras que no nos aportan valor por otras que sí lo hagan y pasar a la acción; afirmando con hechos el mensaje de poder que elegimos, es la clave para poder construir nuevas creencias que creen una nueva realidad.
Nuestras palabras crean nuestra realidad, tratarnos con paciencia, compasión y amor, valorar cada paso dado, y compararnos solo con nuestra versión anterior. Construir una buena relación con nosotros mismos es la clave para ser felices, recordando que somos nuestra única compañía asegurada para toda la vida.








