Hijo del escritor y coleccionista de objetos Víctor Oscar “Don Cacho” Mandagarán y especializado bailarín de tango y folklore, el bailarín misionero Luis Oscar Mandagarán (55) nació en Posadas, en el seno de una familia de artistas.
Inquieto desde pequeño, encontró en la danza su equilibrio y con el tango se proyectó a impensados escenarios mundiales. Poco después, con su compañera de vida y de ruta, Georgina Vargas, dieron un giro al ritmo del 2×4.
Sin embargo, el 20 de marzo de 2025, “su alma partió para volver a ser una estrella en el universo y desde ahí alumbrar al mundo con su amor, generosidad, entusiasmo y pasión”, tal y como su esposa lo despidió ese día en redes sociales.
Para entonces el artista ya estaba radicado en Buenos Aires y alejado de los escenarios. Su salud se había ido deteriorando debido a que le detectaron mesotelioma pleural, un cáncer que se desarrolla en la pleura, y menos de un mes antes de su fallecimiento había comenzado los tratamientos con quimioterapia.
Quién fue Oscar Mandagarán
Nació en Posadas el 13 de agosto de 1969. Comenzó su carrera profesional como bailarín de danzas folklóricas argentina en 1983, primero en la capital misionera y luego, a los 18 años, en Buenos Aires donde a partir del 1990 entró a formar parte del elenco del Ballet Folklórico Nacional dirigido por Norma Viola y Santiago Ayala “El Chúcaro”. Junto al Ballet, entre 1990 y 1996, recorrió toda la argentina y varios países de Sudamérica, como Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Bolivia y Paraguay.
Paralelamente cursó su carrera en el Instituto Nacional de Danzas Folklóricas Argentinas obteniendo los títulos de Profesor Nacional de Danzas, Interprete de Danzas Iberoamericanas y Técnico en Investigación en Arqueología y Antropología.
Entre 1990 y 1997 Oscar también formó parte del elenco de los mejores shows de Tango de Buenos Aires, como “Tango Mio”, “La Ventana”, “Señor Tango”, “Entre Borges y Piazzolla” y trabajó en la película nominada al Oscar “Tango”, de Carlos Saura.
En 1997 integró el cast original de “Forever Tango”, de Luis Bravo, haciendo su debut en Broadway. Con este show se presentó en los teatros de las mas importantes ciudades del mundo, desde Japón, Corea, Inglaterra, Italia, Francia, Portugal, España, Alemania, Suiza, Canadá, México y Estados Unidos.
Junto a “Forever Tango” también, en 1999, hace su debut en el Teatro Colón de Buenos Aires. Permanece en la compañía hasta 2003, integrando también el cast del show “Malambo”, también de Luis Bravo.
Paralelamente a su trayectoria como bailarín de tango de escenarios, desarrolló también su carrera como maestro y coreógrafo en la Ciudad de Buenos Aires y en el exterior.
Dueño de un estilo propio muy apreciado y respetado en el ambiente del tango entre profesionales y milongueros, Oscar transmitía a sus alumnos toda su energía y pasión, enseñando todos los secretos de este baile y trabajando con mucha precisión todos los aspectos de su técnica, su musicalidad, su abrazo y su esencia.
Embajadores del tango por el mundo

En 2020, una entrevista con el suplemento Ko’Ape del diario PRIMERA EDICIÓN, en plena virtualidad debido a la pandemia de coronavirus, reflejó el sentir y la pasión de Oscar Mandagarán y Georgina Vargas por el baile, y sobre todo el tango, que fue el que los flechó.
El tango “tiene esa capacidad de transformarte como persona, de hacerte crecer interiormente, de llevarte a otro punto a partir de donde estas. Es mucho más que un baile”, destacó aquella la pareja, que con prestigio, fue embajadora del tango en todo el mundo.
Contó que durante su niñez era usual que en su hogar hicieran grandes fiestas, y que si bien en Posadas eran pocos, la familia se agrandaba con la llegada de los parientes del interior. La visita implicaba música y baile, que “en casa era como cotidiano. Veía bailar a todos y quería hacerlo, pero mientras era el DJ porque me encantaba darle rosca a la manivela de una fonola que tenía mi papá, donde se pasaban discos de pasta. Con eso me divertía, y ver como todos bailaban, me ponía feliz”, rememoró Mandagarán en diálogo con el suple de PRIMERA EDICIÓN.
En esa nota, se reconoció como “un niño travieso” al que le gustaba estudiar, ir jugar al fútbol en una cancha del barrio Villa Blosset y después de bañarse en la canilla pública, asistir a clases en la Escuela Municipal de Danzas. Así empezó su carrera.









